¿Qué tienen que ver una ciudad extinta, la actividad homosexual y el juicio final?

Saga de Abraham

TEXTO BÍBLICO: GÉNESIS 19.1-29

1 Caía la tarde cuando los dos ángeles llegaron a Sodoma. Lot estaba sentado a la entrada de la ciudad. Al verlos, se levantó para recibirlos y se postró rostro en tierra. 2 Les dijo: —Por favor, señores, les ruego que pasen la noche en la casa de este servidor suyo. Allí podrán lavarse los pies, y mañana al amanecer seguirán su camino. —No, gracias —respondieron ellos—. Pasaremos la noche en la plaza. 3 Pero tanto les insistió Lot que fueron con él y entraron en su casa. Allí Lot les preparó una buena comida y coció panes sin levadura, y ellos comieron. 4 Aún no se habían acostado cuando los hombres de la ciudad de Sodoma rodearon la casa. Todo el pueblo sin excepción, tanto jóvenes como ancianos, estaba allí presente. 5 Llamaron a Lot y le dijeron: —¿Dónde están los hombres que vinieron a pasar la noche en tu casa? ¡Échalos afuera! ¡Queremos acostarnos con ellos! 6 Lot salió a la puerta y, cerrándola detrás de sí, 7 les dijo: —Por favor, amigos míos, no cometan tal perversidad. 8 Tengo dos hijas que todavía son vírgenes; voy a traérselas para que hagan con ellas lo que les plazca, pero a estos hombres no les hagan nada, pues han venido a hospedarse bajo mi techo. 9 —¡Quítate de ahí! —le contestaron, y añadieron—: Éste ni siquiera es de aquí, y ahora nos quiere mandar. ¡Pues ahora te vamos a tratar peor que a ellos! Entonces se lanzaron contra Lot y se acercaron a la puerta con intenciones de derribarla. 10 Pero los dos hombres extendieron los brazos, metieron a Lot en la casa y cerraron la puerta. 11 Luego, a los jóvenes y ancianos que se agolparon contra la puerta de la casa los dejaron ciegos, de modo que ya no podían encontrar la puerta. 12 Luego le advirtieron a Lot: —¿Tienes otros familiares aquí? Saca de esta ciudad a tus yernos, hijos, hijas, y a todos los que te pertenezcan, 13 porque vamos a destruirla. El clamor contra esta gente ha llegado hasta el SEÑOR, y ya resulta insoportable. Por eso nos ha enviado a destruirla. 14 Lot salió para hablar con sus futuros yernos, es decir, con los prometidos de sus hijas. —¡Apúrense! —les dijo—. ¡Abandonen la ciudad, porque el SEÑOR está por destruirla! Pero ellos creían que Lot estaba bromeando, 15 así que al amanecer los ángeles insistieron con Lot. Exclamaron: —¡Apúrate! Llévate a tu esposa y a tus dos hijas que están aquí, para que no perezcan cuando la ciudad sea castigada. 16 Como Lot titubeaba, los hombres lo tomaron de la mano, lo mismo que a su esposa y a sus dos hijas, y los sacaron de la ciudad, porque el SEÑOR les tuvo compasión. 17 Cuando ya los habían sacado de la ciudad, uno de los ángeles le dijo: —¡Escápate! No mires hacia atrás, ni te detengas en ninguna parte del valle. Huye hacia las montañas, no sea que perezcas. 18 —¡No, señor mío, por favor! —respondió Lot—. 19 Tú has visto con buenos ojos a este siervo tuyo, y tu lealtad ha sido grande al salvarme la vida. Pero yo no puedo escaparme a las montañas, no sea que la destrucción me alcance y pierda yo la vida. 20 Cerca de aquí hay una ciudad pequeña, en la que podría refugiarme. ¿Por qué no dejan que me escape hacia allá? Es una ciudad muy pequeña, y en ella me pondré a salvo. 21 —Está bien —le respondió—; también esta petición te la concederé. No destruiré la ciudad de que hablas. 22 Pero date prisa y huye de una vez, porque no puedo hacer nada hasta que llegues allí. Por eso aquella ciudad recibió el nombre de Zoar. 23 Lot llegó a Zoar cuando estaba amaneciendo. 24 Entonces el SEÑOR hizo que cayera del cielo una lluvia de fuego y azufre sobre Sodoma y Gomorra. 25 Así destruyó a esas ciudades y a todos sus habitantes, junto con toda la llanura y la vegetación del suelo. 26 Pero la esposa de Lot miró hacia atrás, y se quedó convertida en estatua de sal. 27 Al día siguiente Abraham madrugó y regresó al lugar donde se había encontrado con el SEÑOR. 28 Volvió la mirada hacia Sodoma y Gomorra, y hacia toda la llanura, y vio que de la tierra subía humo, como de un horno. 29 Así arrasó Dios a las ciudades de la llanura, pero se acordó de Abraham y sacó a Lot de en medio de la catástrofe que destruyó a las ciudades en que había habitado. (NVI)

MEDITACIÓN

Algunas películas se hacen tan populares que el género al que pertenecen se asocia inevitablemente con ellas. Por ejemplo, si pensamos en el género de ciencia ficción, películas como “La Guerra de las Galaxias,” “Terminator,” o “Aliens” inmediatamente vienen a nuestra mente. Si pensamos en el cine épico, no podemos evitar de pensar en películas como “Ben Hur,” “Corazón Valiente,” o “Gladiador.” Tanto es así que siempre que conversamos acerca de películas con amigos, nos referimos a estos clásicos. La Biblia también tiene “momentos clásicos” que tan pronto ocurren, se convierten en referentes para el resto de la historia de la redención. Por ejemplo, el éxodo de Egipto se convirtió en un clásico en el “género bíblico” de la salvación tan pronto ocurrió. Por lo tanto, frecuentemente cuando la Biblia habla de la salvación de Dios, hace referencia al éxodo. El texto de hoy nos ofrece otro “clásico bíblico.” El género es el juicio divino. Desde que el juicio de Dios cayó sobre Sodoma, este episodio se convirtió en una imagen tan clásica que el resto de la Biblia está llena de referencias a este evento en relación al juicio divino (Deu 29.23; Isa 1.9; 13.19; Jer 49.18; 50.40; Lam 4.6; Eze 16.46-56; Amos 4.11; Sof 2.9; Mat 10.15; 11.23-24; Luc 17.29; etc.). Y ciertamente lo que leemos es una imagen del juicio final que vendrá sobre toda la tierra. Parte del mensaje de esta historia es que Dios juzga el pecado. Pero para entender mejor el mensaje completo de la historia, examinémosla en tres partes.

Lo primero que vemos en el texto podría ser denominado como “la gota que derramó el vaso” (vv. 1-11). En el capítulo anterior leímos que Dios le había dicho a Abraham que los ángeles que estaban con Él visitarían Sodoma para comprobar la culpabilidad de la ciudad antes de destruirla. En el capítulo de hoy leemos que los ángeles comparten una velada entera con Lot y no dicen nada de ninguna destrucción hasta después que todo el pueblo intentara violarlos. La depravación extrema del pueblo es contrastada con la hospitalidad de Lot. El sobrino de Abraham los recibe respetuosamente postrándose “rostro en tierra.” Además de eso, insiste en hospedarlos en su casa hasta convencerlos. No contento con eso, Lot les prepara una buena cena rápidamente. (Por eso es que los panes no tenían levadura.) Es por todas estas cosas, que el apóstol Pedro considera al sobrino de Abraham como un hombre “justo” en su primera epístola en el Nuevo Testamento (1 Ped 2.7). Como podemos ver en el resto de esta historia, de ninguna manera podríamos decir que Lot era perfecto. Pero lo que sí está claro es que él temía a Dios y servía al prójimo. En un contraste extremo con la hospitalidad del justo Lot, la gente de Sodoma buscó violar a los visitantes. La expresión de los sodomitas, “queremos acostarnos con ellos,” es una interpretación de la frase original, “queremos conocerlos.” En la Biblia es muy común que el verbo “conocer” lleve una connotación sexual como podemos ver en otra expresión dentro de la misma historia. Cuando Lot le ofrece a la muchedumbre a sus hijas vírgenes a cambio de sus visitantes, la descripción original es “hijas que no han conocido varón,” es decir, hijas que no han tenido sexo. A propósito, esta es una de las pruebas de que ser considerado justo por Dios, no quiere decir ser perfecto. Tristemente, la oferta de Lot demuestra que él tenía muy poca estima por el bienestar de sus hijas reflejando la cultura machista en la que vivía. Eso estaba muy mal, pero aun así es considerado justo—no por ser perfecto, sino por confiar en el Dios vivo. Además, a pesar de todo lo malo que Lot podía tener, el contraste entre él y el pueblo es grandísimo. Todo el pueblo quería violar a los visitantes. A propósito, esto es lo que da origen a la palabra “sodomía,” la cual se refiere a una relación homosexual entre hombres. Todos los varones de la ciudad querían violar a los visitantes hospedados en la casa de Lot. El texto bíblico es sumamente enfático al respecto. El versículo 4 dice que “Todo el pueblo sin excepción, tanto jóvenes como ancianos, estaba allí presente.” Esta es la gota que derramó el vaso. Si todavía había alguna duda de que Sodoma merecía ser destruida, la actitud de la muchedumbre hizo que esa duda desapareciera por completo. Sodoma merecía ser destruida. De la misma manera, el mundo en el que vivimos también merece ser destruido. Y así como la culpabilidad de Sodoma fue clara cuando ésta cayó, así también la culpabilidad de nuestro mundo será clara cuando éste caiga. Pero Dios no es un sádico. Dios no se complace en derramar la sangre de inocentes hechos a imagen y semejanza suya. Pero Dios sí es un juez justo al que no le temblará la mano cuando llegue el momento de ejecutar su juicio sobre el mundo así como no le tembló la mano al destruir a Sodoma. Afortunadamente para Lot, sus visitantes sobrenaturales no tuvieron ningún problema en encargarse de los sodomitas.

La segunda parte de la historia nos muestra la salvación de Lot y de su familia (vv. 12-23). Una vez que la corrupción extrema de los sodomitas fue comprobada, los emisarios angelicales advierten a Lot de la destrucción venidera. El único ser humano que había mostrado algo de nobleza en la historia había sido Lot, pero cuando llegó el momento de avisarle que debía huir, los ángeles le indicaron que trajera consigo a sus “yernos, hijos o hijas.” Aparentemente, la única virtud que estas personas tenían era su asociación a Lot y esto hubiera sido suficiente para salvarlos a todos si sólo le hubieran hecho caso. Desafortunadamente para los novios de sus hijas, éstos pensaron que Lot bromeaba y ese error les costaría la vida. Por su parte, la esposa de Lot también perecería, aunque inicialmente salió de la ciudad con Lot y sus hijas, por ir en contra de las instrucciones angelicales. De todas formas, todos ellos se hubieran salvado de haber escuchado a Lot y a los ángeles gracias a su asociación con Lot. Aquí tenemos otra motivación para cultivar la fe y la justicia en nuestras vidas—especialmente si somos padres de familia. Tu fe bendecirá a tus familiares. Es por eso que el apóstol Pablo instó a los cristianos de Corinto a no separarse de sus cónyuges incrédulos. “El esposo no creyente ha sido santificado por la unión con su esposa, y la esposa no creyente ha sido santificada por la unión con su esposo creyente. Si así no fuera, sus hijos serían impuros, mientras que, de hecho, son santos” (1Co 7:14). Esto no quiere decir que los familiares de un creyente automáticamente heredarán el reino de Dios simplemente por asociación. Así como los novios de las hijas de Lot y su propia esposa necesitaron creer el anuncio de Lot y obedecer a los ángeles para ser salvos, así también nuestros familiares necesitarán creer nuestro anuncio evangélico y obedecer los mandamientos del Señor para que ellos sean salvos. De todas formas, así como los familiares de Lot recibieron una oportunidad que los sodomitas no recibieron, así también los familiares de creyentes recibirán oportunidades que otros no recibirán. Así que esfuérzate por cultivar la fe y la justicia en tu hogar. De esa forma, no sólo disfrutarás de la misericordia de Dios tú mismo sino también los tuyos. Y Lot disfrutó de mucha misericordia y paciencia de parte de los emisarios angelicales. Cuando el sobrino de Abraham titubeaba, los ángeles lo tomaron de la mano y lo sacaron a la fuerza “porque el Señor les tuvo compasión.” Además de eso, los visitantes le concedieron la petición de escapar a la pequeña ciudad de Zoar—que parece significar “lugar pequeño”—en lugar de a las montañas. De hecho, los ángeles le dicen claramente a Lot el gran cuidado que Dios tenía de él. Esto se ve cuando uno de ellos, apresurando a Lot, afirma, “No puedo hacer nada [contra la ciudad] hasta que llegues allí [es decir, a tu refugio].” Y es que Dios se asegurará que todos sus elegidos alcancen la salvación y ninguno de sus cabellos sea si quiera chamuscado.

Lo último que vemos en esta historia es la destrucción de Sodoma (vv. 24-29). La destrucción de Sodoma fue dramática y completa. Fue dramática porque “el Señor hizo que cayera del cielo una lluvia de fuego y azufre.” Fue completa porque destruyó “a todos sus habitantes, junto con toda la llanura.” De la misma manera, el juicio final que caerá sobre la tierra también será dramático y completo. Es por eso que el apóstol Pedro advirtió que “el cielo y la tierra están guardados para el fuego, reservados para el día del juicio y de la destrucción de los impíos” (2 Ped 3.7). En el caso de Sodoma, los únicos que se salvaron fueron Lot y sus hijas. El texto concluye resaltando que la salvación de Lot fue fruto de la intercesión de su tío Abraham. Dios “se acordó de Abraham y sacó a Lot de en medio de la catástrofe” (Gén 19.29). Dios le había prometido a Abraham no destruir la ciudad de encontrar a diez justos en ella. Lamentablemente para Sodoma, no había suficientes justos para perdonarla, pero aun así, Dios salvó al único justo que encontró, a Lot, el sobrino de Abraham por el cual el patriarca tanto insistió. Esto es parte del cumplimiento de la promesa que Dios le hizo Abraham de bendecir al mundo mediante él. Lot fue bendecido por la oración de su tío. Pero ahora sabemos que el medio principal por el que la promesa de Dios a Abraham se materializará es su descendiente más ilustre, el Señor Jesucristo. Así como en su tiempo, los que estaban relacionados a Abraham fueron bendecidos y salvados gracias a su intercesión, ahora los que están relacionados a Jesucristo serán bendecidos y salvados del juicio final gracias a su intercesión infalible. Lot se salvó del juicio a Sodoma. ¿Te salvarás tú del juicio final? ¿Cuál es tu relación a Jesús?

ORACIÓN

Padre nuestro que estás en el cielo, gracias por compartir con nosotros este “clásico bíblico” para advertirnos de la certeza del juicio venidero y señalar el camino de escape. Ayúdanos a mantenernos apartados de los vicios de este mundo así como Lot se mantuvo apartado de los vicios de Sodoma. Principalmente, ayúdanos a poner toda nuestra confianza en tu Hijo unigénito, el Señor Jesucristo, con la convicción de que su intercesión nos salvará de la misma manera en que la intercesión de Abraham salvó a Lot. Sálvanos a nosotros y a nuestras familias. Te lo pedimos en el nombre de Jesús. Amén.


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