¿Qué quiso decir Jesús cuando ordenó que no juzguemos a nadie?

Jesus Preaching the Sermon on the MountGustave Dore

TEXTO BÍBLICO: MATEO 7.1-6

1 “No juzguen a nadie, para que nadie los juzgue a ustedes. 2 Porque tal como juzguen se les juzgará, y con la medida que midan a otros, se les medirá a ustedes. 3 ¿Por qué te fijas en la astilla que tiene tu hermano en el ojo, y no le das importancia a la viga que está en el tuyo? 4 ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: ‘Déjame sacarte la astilla del ojo,’ cuando ahí tienes una viga en el tuyo? 5 ¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás con claridad para sacar la astilla del ojo de tu hermano. 6 No den lo sagrado a los perros, no sea que se vuelvan contra ustedes y los despedacen; ni echen sus perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen.” (NVI)

MEDITACIÓN

Muchos de los creyentes tenemos pasajes bíblicos favoritos, porciones de las Escrituras  que nos han animado y fortalecido repetidas veces y por ende nos gusta citar frecuentemente. “Todas las cosas obran para el bien de los que aman a Dios” (Rm 8.28). “Yo sé los planes que tengo para ti—declara el Señor—planes de prosperidad y no de calamidad” (Jr 29.11). “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Fp 4.13). Y así sucesivamente. Pero lo más sorprendente es que los mismos incrédulos, personas que no profesan la fe cristiana ni van a la iglesia ni mucho menos leen la Biblia, también tienen sus pasajes bíblicos favoritos. En muchos casos, estas personas no saben que están citando la Biblia al repetir estas frases. Pero aun así, citan frases bíblicas frecuentemente. Una de las frases que más repiten es, “no juzguen para que no sean juzgados,” lo cual es parte del texto de estudio para hoy. Un amigo creyente se puede acercar a estas personas con el fin de recomendarles un cambio para bien en sus vidas, pero la primera cosa que sale de la boca de estas personas es, “¡No juzguen para que no sean juzgados!” La manera en que estas personas interpretan esta frase parece ser algo así como, “nadie tiene el derecho de criticar a otro.” ¿Pero es eso lo que Jesús quiso decir cuando nos enseñó esa frase? De no ser así, ¿entonces qué quiso decir? El mensaje que Jesús quiso comunicar fue que no debemos apresurarnos a criticar a otros sin antes habernos criticado a nosotros mismos. Veamos cómo llegamos a esta conclusión analizando el texto bíblico.

Lo primero que encontramos en el texto es el mandamiento de no criticar (v. 1a). Jesús empieza esta sección ordenando a sus discípulos que “no juzguen a nadie.” En este contexto, el verbo “juzgar” se refiere al acto de criticar o de señalar una falta. Esto está claro porque el Señor explica su mandamiento refiriéndose a “fijarse en la astilla que tiene tu hermano en el ojo,” lo cual es lenguaje figurativo que se refiere al fijarse en faltas ajenas. Pero lo que también está claro es que Jesús no está dando una orden absoluta. En otras palabras, Jesús no está diciendo que nunca se debe emitir ningún tipo de juicio ni de crítica constructiva. ¿Cómo sabemos esto? El mismo Jesús le da instrucciones a la iglesia para juzgar y disciplinar a sus miembros impenitentes más adelante en el mismo evangelio (Mat 18.15-20). Y en caso que pensemos que este juicio se limita a las autoridades oficiales de la iglesia, debemos recordar que todo el proceso disciplinario de la iglesia empieza cuando un miembro común y corriente señala su falta a otro miembro. Pero si Jesús no está diciendo que nunca se debe criticar ni señalar la falta de otro, entonces ¿qué es lo que está prohibiendo? El Señor prohibe la hipocresía de elevarse a sí mismo como juez y crítico de otros sin practicar la autocrítica. En otras palabras, lo que está mal es apresurase a fijarse en las faltas de otros sin antes fijarse en las faltas que uno mismo tiene. Este punto se ve más claramente cuando examinamos el resto del discurso del Señor.

Después de dar el mandamiento de no juzgar, el Señor da el propósito del mandamiento (v. 1b). Jesús dice que no debemos juzgar a nadie “para que nadie los juzgue a ustedes.” O sea que el propósito de no criticar a nadie es que nadie nos critique. Es decir que si vamos a ponernos a criticar a otros, debemos estar dispuestos a que esos otros nos critiquen a nosotros. Si vamos a ponernos a examinar y evaluar las vidas de otros, debemos estar dispuestos a que nuestras propias vidas sean examinadas y evaluadas. Si vamos a hablar de las faltas y errores de otros, debemos estar dispuestos a que se hablen de nuestras propias faltas y errores. Y por supuesto, si vamos a estar señalando las faltas de otros, más nos vale que nosotros estemos llevando vidas ejemplares. De otra forma, ¿con qué autoridad moral podríamos hablarles de sus faltas?

Es por eso que al dar la explicación del propósito del mandamiento (v. 2), el Señor Jesús declara: “como juzguen se les juzgará, y con la medida que midan a otros, se les medirá a ustedes.” Si eres muy estricto criticando a otros, éstos serán muy estrictos al criticarte. Si criticas por criticar, sin ningún ánimo de ayudar a mejorar, entonces se te criticará por criticar, sin ningún ánimo de ayudarte. Si criticas con el ánimo de condenar y dañar la reputación de otros, éstos te criticaran sólo para condenarte y dañar tu reputación. Además de eso, y realmente lo peor de todo, es que si criticas y condenas a otros severamente sin estar dispuesto a hacer una autocrítica, Dios mismo te condenará por ser tan hipócrita. El Señor Jesús explica esta hipocresía en los siguientes versículos.

El Señor Jesucristo hace una par de preguntas que revelan la inconsistencia e hipocresía de la crítica de otros carente de autocrítica (vv. 3-4). La forma en la que el Señor presenta este problema es memorable: “¿Por qué te fijas en la astilla que tiene tu hermano en el ojo, y no le das importancia a la viga que está en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: ‘Déjame sacarte la astilla del ojo,’ cuando ahí tienes una viga en el tuyo?” Como dijimos hace un momento, ¿con qué autoridad moral podríamos hablarles a otros de cómo deben vivir sus vidas si nuestra propia vida es un desastre? ¿Quién nos tomaría en serio? Seríamos unos farsantes, unos caraduras, unos sinvergüenzas, o como dice Jesús, unos hipócritas. Es por eso mismo que Santiago, el medio hermano de Jesús, escribiría en otro momento, “Hermanos míos, no pretendan muchos de ustedes ser maestros, pues, como saben, seremos juzgados con más severidad” (St 3.1 NVI). Por necesidad, el que quiera hablarles a otros de cómo vivir sus vidas, tiene que vivir una vida ejemplar. Y para hacer eso, la autocrítica es sumamente necesaria. Antes de aplicar alguna enseñanza útil a la vida de otros, debemos aplicarla a nuestras propias vidas. Es por eso que el Señor nos da otro mandamiento.

El Señor Jesús concluye lo siguiente de sus dos preguntas: “¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás con claridad para sacar la astilla del ojo de tu hermano” (v. 5). La fuerte crítica del Señor parece haber sido dirigida de manera implícita a los fariseos y escribas, de los cuales Jesús diría en otro momento: “No hagan lo que hacen ellos, porque no practican lo que predican. Atan cargas pesadas y las ponen sobre la espalda de los demás, pero ellos mismos no están dispuestos a mover ni un dedo para levantarlas” (Mt 23.3b-4 NVI). De todas formas, lo que más nos concierne es el imperativo que el Señor agrega: “Saca primero la viga de tu propio ojo.” En otras palabras, critícate a ti mismo antes de criticar a otros. ¿El resultado? “Entonces verás con claridad para sacar la astilla del ojo de tu hermano.” Está claro entonces que Jesús no prohibe la crítica de otros de manera absoluta. Hay momentos en que sí debemos dar críticas constructivas—no destructivas, sino constructivas. No sólo debemos decir lo que se está haciendo mal, sino proponer cómo cambiar para empezar a hacer el bien. Pero la capacidad de dar una buena crítica solamente se alcanza después de haber aplicado la crítica a uno mismo. Ahí se encuentra la verdadera espiritualidad.

Pero antes de terminar, Jesús nos da una advertencia: “No den lo sagrado a los perros […] ni echen sus perlas a los cerdos.” ¿Qué tienen que ver los perros y los cerdos con la crítica? Los términos “perro” y “cerdo” eran usados por los judíos para referirse de manera despectiva a los paganos, a aquellos que por no ser miembros del pueblo santo de Dios, eran considerados inmundos—como perros o cerdos. Consecuentemente, muchos estudiosos bíblicos creen que Jesús estaba prohibiendo que el precioso mensaje del reino de Dios sea llevado a los paganos por el momento. Pero dado el contexto, me parece que esa es una una aplicación muy limitada. Después de todo, al dar instrucciones a sus discípulos de cómo compartir el evangelio con sus propios paisanos judíos, el Señor Jesús les dijo, “Si alguno no los recibe bien ni escucha sus palabras, al salir de esa casa o de ese pueblo, sacúdanse el polvo de los pies” (Mt 10:14 NVI). Los discípulos no tenían que perder el tiempo tratando de convencer a paisanos judíos que no tenían interés en escucharlos. O sea que la advertencia que nos da el Señor no debe limitarse a la evangelización de los paganos. De hecho, también podría aplicarse al ofrecer crítica constructiva a aquellos que no la saben apreciar. Desde esta perspectiva, el no echar perlas a los cerdos también podría significar no ofrecer crítica constructiva a personas que no la van a tomar de buena manera, a las personas que siempre responden, “no juzguen para no ser juzgados,” o peor aún, a la persona que responde con insultos. Como está escrito en los Proverbios: “El que corrige al burlón se gana que lo insulten; el que reprende al malvado se gana su desprecio. No reprendas al insolente, no sea que acabe por odiarte; reprende al sabio, y te amará” (Pr 9:7-8 NVI). Si queremos ser buenos amigos, debemos dar crítica constructiva a la persona que lo necesite después de haber practicado la autocrítica. Pero si somos sabios, reconoceremos que no todos quieren cambiar para bien y nos ahorraremos un mal rato al no insistir sobre algo con estas personas que, aunque sea bueno, no será bien recibido.

ORACIÓN

(Después de repetir el siguiente modelo, dirígete a Dios con tus propias palabras.)

Padre nuestro que estás en los cielos, gracias por la enseñanza tan práctica de tu santo Hijo Jesús. Perdónanos por todas las veces que nos hemos apresurado a criticar a otros sin antes haber aplicado esa crítica a nosotros mismos. Perdónanos por todas las veces que hemos criticado a otros sin el interés de ayudarles sino sólo para hacerlos sentir mal. Ayúdanos a aplicar tus enseñanzas a nosotros mismos antes de aplicarlas a otros. Ayúdanos a buscar siempre la edificación de nuestro prójimo al criticarlo. Y ayúdanos también a distinguir a los que quieren ser ayudados de los que no. Te necesitamos y te pedimos todo esto confiadamente convencidos de tu amor por la cruz y resurrección de Jesús el Salvador. Amén.


2 thoughts on “¿Qué quiso decir Jesús cuando ordenó que no juzguemos a nadie?

  1. Estimado Daniel, gracias por el articulo. sugiero que tu analisis incluya los versiculos 7 al 12 pues todo eso tambien corresponde al mismo tema. Por lo demas, me parece una buena reflexion. saludos

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

w

Connecting to %s