¿Por qué no hay ningún sentido en angustiarse por necesidades cotidianas?

Jesus Preaching the Sermon on the MountGustave Dore

TEXTO BÍBLICO: MATEO 6.25-34

25 “Por eso les digo: No se preocupen por su vida, qué comerán o beberán; ni por su cuerpo, cómo se vestirán. ¿No tiene la vida más valor que la comida, y el cuerpo más que la ropa? 26 Fíjense en las aves del cielo: no siembran ni cosechan ni almacenan en graneros; sin embargo, el Padre celestial las alimenta. ¿No valen ustedes mucho más que ellas? 27 ¿Quién de ustedes, por mucho que se preocupe, puede añadir una sola hora al curso de su vida? 28 ¿Y por qué se preocupan por la ropa? Observen cómo crecen los lirios del campo. No trabajan ni hilan; 29 sin embargo, les digo que ni siquiera Salomón, con todo su esplendor, se vestía como uno de ellos. 30 Si así viste Dios a la hierba que hoy está en el campo y mañana es arrojada al horno, ¿no hará mucho más por ustedes, gente de poca fe? 31 Así que no se preocupen diciendo: ‘¿Qué comeremos?’ o ‘¿Qué beberemos?’ o ‘¿Con qué nos vestiremos?’ 32 Porque los paganos andan tras todas estas cosas, y el Padre celestial sabe que ustedes las necesitan. 33 Más bien, busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas. 34 Por lo tanto, no se angustien por el mañana, el cual tendrá sus propios afanes. Cada día tiene ya sus problemas.” (NVI)

MEDITACIÓN

“¡Cómo me gustaría volver a ser un niño!” No sé cuántas veces he escuchado esa expresión de parte de familiares o amigos. Normalmente nos encontramos viendo a un hijo pequeño, a un sobrinito o a otro niñito jugando de lo más despreocupado cuando se expresa este deseo. La persona adulta, agobiada por las múltiples responsabilidades de la vida, observa cómo el pequeño juega completamente libre de toda preocupación y añora sus propios días de infancia. El adulto con posesiones pero lleno de angustia envidia la condición del niño que no posee nada pero puede dormir de lo más tranquilo en la noche. Quizá tú mismo te hayas sentido de esa manera en algún momento. La angustia y la preocupación por las responsabilidades cotidianas de la vida son extremadamente comunes entre los adultos. ¿Cómo voy a pagar las cuentas que tengo? ¿La renta? ¿El carro? ¿La escuela de los niños? Y la lista continúa y continúa. Hay tantas responsabilidades que tenemos que cumplir que es muy fácil agobiarse y sentirse ahogado en un mar de preocupaciones. Pero esa no es voluntad de Dios para nuestras vidas. Sí, el Señor quiere que seamos adultos responsables, pero el texto bíblico de hoy nos enseña que podemos ser adultos responsables sin ser presos de la angustia y la preocupación. Siguiendo con su famoso “Sermón del Monte” registrado en el evangelio de Mateo, Jesús continua explicando el estilo de vida en el reino de Dios. La lección de hoy viene inmediatamente después que Jesús haya enseñado que acumular tesoros celestiales es superior a acumular tesoros terrenales. Antes de desarrollar la lección de hoy, el Señor ya había dejado en claro que sus discípulos necesitaban invertir todos sus recursos en el reino de Dios alegremente. En resumen, la lección del texto bíblico de hoy es la siguiente: En lugar de caer en la insensatez de angustiarnos por necesidades cotidianas inevitables, debemos enfocarnos en servir a Dios confiando en su cuidado y provisión paternal. El Señor Jesús pone mucho énfasis en el mandamiento de no angustiarse por las necesidades cotidianas repitiéndolo tres veces (vv. 25, 31, 34) en nueve versículos. En este contexto, el verbo griego traducido como “angustiarse” no se refiere al cuidado y atención correcta que uno le puede dar a una responsabilidad sino al miedo indebido a un peligro o mal futuro. En otras palabras, la atención concentrada que le des a un problema en tu negocio durante el día no es condenada por Jesús. Lo que sí es condenado es no poder dejar de pensar en ese problema al punto que la ansiedad no te permita hallar paz ni tranquilidad o ni siquiera poder conciliar el sueño de noche. El Señor nos ordena que no permitamos que la ansiedad y el temor controlen y esclavicen nuestro corazón por asuntos como la comida y el abrigo diario. De hecho, el Señor nos muestra el camino para evitar que esto suceda dándonos tres razones por las cuales no tiene ningún sentido angustiarse por estas necesidades cotidianas.

La primera razón es la inutilidad de la angustia por necesidades inevitables o inexistentes (vv. 27, 34). Esta no es la primera razón que el Señor Jesús da en el orden de su discurso pero, ya que las otras dos tienen una conexión más estrecha, las vamos a guardar para el final. ¿En qué consiste esta razón para no angustiarse por necesidades cotidianas? Primero, que toda la angustia del mundo no puede hacer nada para solucionar los problemas que tenemos. Los sentimientos de ansiedad y temor no resuelven ningún problema. Es por eso que el Señor pregunta, “¿Quién de ustedes, por mucho que se preocupe, puede añadir una sola hora al curso de su vida?” La respuesta es obvia: nadie puede alcanzar ninguna meta ni satisfacer ninguna necesidad por medio de la preocupación. La angustia es completamente innecesaria por ser completamente inútil e inconsecuente. Por lo tanto, el angustiarse por necesidades cotidianas no tiene ningún sentido y, de hecho, es bastante tonto, lo cual nos lleva al segundo elemento de esta primera razón. No sólo es inútil el angustiarse, sino que las necesidades cotidianas por las que nos angustiamos son inevitables. Jesús cierra su discurso sobre esta tema afirmando que “cada día tiene ya sus problemas.” La vida en este mundo caído tiene problemas. Toda la angustia del mundo no puede cambiar ese hecho. En otras palabras, sea que me preocupe o no me preocupe, siempre habrán problemas que encarar. Por lo tanto, es tonto angustiarse, primero, porque la angustia no logra nada y, segundo, porque los problemas por los que nos angustiamos son inevitables. Pero eso no es todo lo que dice el Señor. El colmo de la angustia, que de por sí no puede cambiar nada, es preocuparse por problemas que todavía no han pasado y quizá nunca pasen. Por eso concluye Jesús diciendo, “no se angustien por el mañana.” ¡Cuántas veces nos angustiamos por lo que “podría pasar” pero todavía no ha pasado! La triste ironía es que la mayoría de veces ninguna de estas cosas que anticipamos ocurren y terminamos creando verdaderos problemas como fruto de nuestra angustia por problemas que nunca existieron. Por lo tanto, el Señor Jesús nos ordena enfáticamente: no se angustien por necesidades cotidianas.

La segunda razón es la subordinación de las necesidades cotidianas al reino de Dios (v. 25). En otras palabras, Jesús dice que no debemos angustiarnos por necesidades cotidianas porque el conseguir estas necesidades no es el propósito principal de nuestras vidas. Por eso pregunta el Señor, “¿No tiene la vida más valor que la comida, y el cuerpo más que ropa?” La respuesta a esta pregunta también es obvia: la vida tiene más valor que la comida y el cuerpo tiene más valor que la ropa. Hay cosas más importantes en la vida que el encontrar qué comer o con qué vestirse. De hecho, la primera exhortación que Jesús hace en este contexto a no angustiarnos se basa en lo que Él ya había enseñado antes, lo cual nosotros ya estudiamos. La primera orden a “no preocuparse por la vida” es precedida por la frase, “Por eso les digo.” Es decir que lo que Jesús dijo anteriormente a la orden es la razón de la orden de no angustiarse. Y como ya habíamos visto, lo dicho anteriormente es que no se puede vivir para hacerse más rico en este mundo y para servir a Dios al mismo tiempo. Esos dos fines son incompatibles. Lo que Jesús está diciendo es que si entendemos que las riquezas y la comida no son lo más importante de la vida sino el reino de Dios, entonces no deberíamos tratarlas como si lo fueran angustiándonos por ellas. No estamos diciendo que el comer no es fundamental. Claro que lo es: si no lo hacemos, morimos. Lo que estamos diciendo es que comer no es un fin en sí mismo. La existencia en sí no es su propio fin. El fin de nuestras vidas es la gloria de Dios. Es por eso que algunos dicen correctamente que aquel que no vive para servir no sirve para vivir. Por esa misma razón es que Jesús dice que en lugar de angustiarnos por nuestras necesidades cotidianas, debemos “buscar primero el reino de Dios y su justicia.” Lo más importante en nuestra vida diaria no debe ser encontrar qué comer. Si así fuera, entonces solamente viviríamos para comer. Pero como otro dicho dice, no debemos vivir para comer sino comer para vivir. La comida no es un fin en sí misma sino un medio para otro fin. Comemos con el fin de tener la fuerza y la energía necesaria para servir a Dios y bendecirlo por su bondad al darnos alimento. Lo más importante en nuestra vida debe ser cumplir la voluntad de Dios, obedecer sus mandamientos, servir al prójimo y apresurar el regreso de Cristo esparciendo su mensaje por todo el mundo. Pero quizá estés pensando: “Está bien. La comida no es lo más importante pero de todas formas la necesito para sobrevivir. ¿Cómo es que saber que la comida no es lo más importante me ayuda a no angustiarme cuando no hay que comer?” La respuesta es que esta segunda razón es sólo una respuesta parcial que es completada por la siguiente razón para no angustiarse que Jesús da. En otras palabras, si entendemos que el fin de nuestras vidas no es encontrar qué comer sino servir a Dios, entonces nos será mucho más fácil entender la siguiente y última razón que Jesús da para no angustiarnos por nuestras necesidades cotidianas.

La última y principal razón para no angustiarnos es la provisión paternal de Dios (vv. 26, 28, 33). El Señor Jesús dirige nuestra atención a las aves del cielo y a las flores del campo para hacer un argumento de menor a mayor. Si Dios alimenta a las aves y viste a las flores, las cuales tienen menos valor que los seres humanos, entonces seguramente alimentará a los seres humanos—y en especial a aquellos seres humanos que lo aman y sirven. A pesar de lo que los defensores de los derechos animales más radicales quieran decir, la vida del ser humano es mucho más preciosa que la de cualquier animal. A diferencia del resto de criaturas en el planeta, el ser humano es creado a imagen y semejanza de Dios (Gén 1.26). Simplemente no tiene ningún sentido pensar que Dios atenderá las necesidades cotidianas de las aves y del césped que fueron creados subordinados al ser humano pero descuidará las necesidades de aquellos que fueron creados para gobernar sobre las aves y el césped. No tiene ningún sentido. Dios cuida de toda su creación de manera constante e infalible. Además de eso, Dios cuida de manera especial a los seres humanos por ser hechos a imagen y semejanza suyas. De hecho, debemos concluir que Dios cuida de manera más especial a aquellos seres humanos en quienes su imagen ha sido restaurada mediante la fe en Cristo y la transformación del Espíritu Santo y por lo tanto lo sirven en su reino. Dios es un padre protector fiel y digno de confianza. Por lo tanto, la angustia es una evidencia de falta de fe. Por eso es que Jesús pregunta, “¿No hará [Dios] mucho más por ustedes, gente de poca fe?” El sentir ansiedad y temor por necesidades cotidianas como el alimento y la comida es fruto de la incredulidad y de la desconfianza en el cuidado y la provisión paternales de Dios. Es por lo mismo que el Señor dice que cuando nos angustiamos por estas necesidades nos comportamos como paganos, es decir, como personas que no conocen a Dios y creen que toda la vida consiste en satisfacer estas necesidades cotidianas. La angustia es propia de aquellos que no tienen consciencia de Dios mas no de aquellos que han probado su gracia y han decidido servir al Señor Jesucristo. Los que no conocen a Dios viven para comer y se desesperan cuando no encuentran alimento pero los que sí lo conocen comen para servirlo y confían en su cuidado y provisión paternal.

Al comienzo de esta meditación, consideramos a los niños que juegan en el parque libres de toda preocupación y angustia. Estos niños también necesitan comer, también tienen las mismas necesidades básicas de cualquier adulto. Pero la razón por la que no se angustian es que saben que sus padres cuidarán de ellos. Si nosotros hemos creído en Jesucristo y hemos sido adoptados por Dios, debemos concluir que tenemos al Padre más rico, fiel y confiable de todos. Por lo tanto, podemos servir a Dios con más confianza y libertad que la que los niños pequeños muestran al jugar. Confiemos en Cristo: no caigamos en la insensatez de angustiarnos por necesidades cotidianas inevitables o inexistentes sino más bien enfoquémonos en servir a nuestro Padre celestial alegremente confiando en su cuidado y provisión.

ORACIÓN

(Después de repetir el siguiente modelo, dirígete a Dios con tus propias palabras.)

Padre nuestro que estás en los cielos, gracias por enseñarnos que no tenemos ninguna razón para angustiarnos por necesidades cotidianas. Tú eres un Dios poderoso, bueno, fiel y confiable. Ayúdanos a recordar esto siempre para no angustiarnos sino enfocarnos en servir a tu Hijo con alegría y libertad. Perdónanos por todas las veces que nos angustiamos y desconfiamos de tu cuidado y provisión amorosos. Rescátanos de la incredulidad por medio de la fe en las buenas nuevas de tu poder y amor en Cristo Jesús. Te pedimos esto en su poderoso nombre. Amén.


Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

w

Connecting to %s