¿Cómo debemos interpretar la ley bíblica del “ojo por ojo”?

Jesus Preaching the Sermon on the MountGustave Dore

TEXTO BÍBLICO: MATEO 5.38-48

38 “Ustedes han oído que se dijo: ‘Ojo por ojo y diente por diente.’ 39 Pero yo les digo: No resistan al que les haga mal. Si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, vuélvele también la otra. 40 Si alguien te pone pleito para quitarte la capa, déjale también la camisa. 41 Si alguien te obliga a llevarle la carga un kilómetro, llévasela dos. 42 Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no le vuelvas la espalda. 43 Ustedes han oído que se dijo: ‘Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo.’ 44 Pero yo les digo: Amen a sus enemigos y oren por quienes los persiguen, 45 para que sean hijos de su Padre que está en el cielo. Él hace que salga el sol sobre malos y buenos, y que llueva sobre justos e injustos. 46 [Porque] si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa recibirán? ¿Acaso no hacen eso hasta los recaudadores de impuestos? 47 Y si saludan a sus hermanos solamente, ¿qué de más hacen ustedes? ¿Acaso no hacen esto hasta los gentiles? 48 Por tanto, sean perfectos, así como su Padre celestial es perfecto.(NVI)

MEDITACIÓN

Muchas personas piensan que la ley de Dios se limita a prohibiciones: “No hagas esto, no hagas aquello.” “No hagas, no hagas, no hagas.” Este pensamiento sale a la luz cuando uno se pregunta por qué cree que debería ser admitido en el cielo. Esta es una pregunta que se hace frecuentemente a las personas cuando se les comparte el evangelio. Normalmente, la gente responde a esa pregunta diciendo cosas como, “yo no le hago mal a nadie,” “nunca he matado,” “no robo.” “No hice, no hice, no hice.” Una vez más, pensamos que obedecer a Dios sólo consiste en dejar de hacer lo malo. Y sí, eso es parte de la voluntad de Dios. El Señor sí hace muchas prohibiciones: “no cometerás adulterio,” “no codiciarás,” etc. Pero es un gran error concluir que Dios sólo hace prohibiciones. Dios no sólo está interesado en que dejemos de hacer lo malo sino que empecemos a hacer lo bueno. El que sólo deja de hacer lo malo pero nunca hace lo bueno, no ha cumplido la voluntad de Dios. El que sólo dice, “no hice, no hice, no hice,” se condena a sí mismo porque precisamente está testificando que no hizo la voluntad del Dios que no sólo ordena, “no hagas lo malo,” sino que inmediatamente añade, “haz lo bueno.” Eso es parte de lo que vemos en el texto bíblico de hoy. Siguiendo con su famoso “Sermón del Monte” en el evangelio de Mateo, Jesús continúa su explicación de algunos de los mandamientos de Dios con el fin de corregir la fijación en la letra de la ley que resulta en el descuido del corazón de la ley. De hecho, hoy llegamos al final de esta sección del sermón. Como ya hemos visto, la manera en que Jesús da su enseñanza en esta sección es, primero, haciendo referencia a la interpretación tradicional o errónea del mandamiento y, segundo, ofreciendo su propia explicación autoritativa. La lección de hoy es que Dios no sólo ordena que NO nos venguemos sino que también busquemos el bien de nuestros enemigos. Una vez más, la lección se comunica en tres pasos.

Primer paso, la interpretación tradicional del mandamiento (vv. 38, 43). Esta vez vamos a ver dos enseñanzas tradicionales, muy relacionadas entre sí, que Jesús corrige. La primera es, “ojo por ojo, diente por diente.” Esta ley famosa, conocida como el lex talionis, la ley de retaliación, sí era parte del Antiguo Testamento. Dios sí había dado esto como un principio de justicia para su pueblo Israel. Obviamente, Jesús no puede “corregir” nada que Dios haya mandado. Evidentemente, el “ojo por ojo” sí es un principio justo. Pero lo que Jesús corrige es la mala interpretación y aplicación del principio. Dios dio este principio justo para guiar el proceso judicial de su pueblo, no como un principio de vida de venganza personal. Pero precisamente así es como la gente lo estaba aplicando. Eso era lo que Jesús criticaba: el tomar la justicia en nuestras propias manos y la injusticia que resultaba de un peor agravio motivado por la venganza. En otras palabras, cuando la gente toma este principio en sus propias manos, lo que resulta diciendo es, “tú me rompiste un diente, ahora yo te rompo dos,” a lo que el afectado responde, “tú me rompiste dos, ahora yo te rompo tres.” La venganza es un ciclo vicioso que termina destruyendo a todos. La segunda enseñanza tradicional que Jesús corrige es, “amar a tu prójimo y odia a tu enemigo.” A diferencia de la ley del “ojo por ojo,” Dios nunca había ordenado odiar al enemigo pero sí amar al prójimo. Pero la percepción errónea en el tiempo de Jesús era que Dios también ordenada odiar a los enemigos y eso es lo que Él busca corregir. La licencia para tomar venganza combinada con el odio es una receta segura para la destrucción de cualquier comunidad.

Segundo paso, la instrucción autoritativa de Jesús (vv. 39-42, 44). Por última vez en esta sección del “Sermón del Monte,” el Señor Jesús contrasta las ideas erróneas de los rabinos y maestros de su tiempo, con un autoritativo, “Yo digo.” Los rabinos se apoyaban unos de otros y citaban a los más reconocidos del pasado para validar sus enseñanzas. A diferencia de ellos, Jesús no necesita apoyarse de nada más que su propia autoridad divina como Hijo de Dios para enseñar el verdadero camino de justicia. Para Jesús, es suficiente decir, “Yo digo,” para que todo el mundo preste atención y esté obligado a poner en práctica su enseñanza. ¿Y qué enseña Jesús? Primero, no debemos buscar la venganza personal. “Si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, dale también la otra.” Por supuesto, Jesús continúa usando la hipérbole aquí. Es decir, el Señor utiliza expresiones exageradas para dejar una impresión profunda en su audiencia. No es que literalmente debemos poner la otra mejilla. El mismo Jesús no hizo eso cuando lo abofetearon antes de crucificarlo. En vez de poner la otra mejilla literalmente, el Señor le dijo al agresor: “Si he hecho algo malo, demuéstramelo. Pero si lo que dije es correcto, ¿por qué me pegas?” (Juan 18.23) Esto no quiere decir que Jesús no guardaba sus propios principios. Esto quiere decir que Jesús no estaba enseñando de debemos dejar que las personas abusen de nosotros libremente. En algunos casos, es necesario defenderse verbalmente como el mismo Jesús lo hizo. En otros casos más extremos, es necesario huir. Pero lo que Jesús quiere es que no busquemos vengarnos. No busquemos dar una bofetada al que nos abofeteó. No debemos ponernos a nosotros mismos como jueces sino confiar en el Juez justo de toda la tierra. Debemos estar convencidos que Dios hará justicia—ya sea por las autoridades que Él ha establecido o personalmente en el día del juicio final—y, por lo tanto, no debemos vengarnos. Pero eso no es todo. Jesús no sólo enseña que dejemos de hacer lo malo, es decir, vengarnos, sino que empecemos a hacer lo bueno, amar a nuestros enemigos. ¡¿Amar a nuestros enemigos?! Sí, leíste bien. Amar a nuestros enemigos. Bendecir a los que nos maldicen. Perdonar y orar por el bien de los que nos maltratan. Esto es mucho más que no vengarnos. Esta no es una ética natural. Es un estilo de vida sobrenatural, como las razones que Jesús da, dejan en claro.

Tercer paso, la razón de la instrucción (vv. 45-48). ¿Por qué debemos amar a nuestros enemigos? ¿Por qué debemos buscar el bien de los que buscan nuestro mal? Porque el Dios que nos creó a su imagen y a su semejanza es un Dios que ama a sus enemigos. Todos los días, Dios derrama sus bendiciones sobre justos y sobre pecadores, sobre los agradecidos y sobre los ingratos, sobre aquellos que lo bendicen y sobre aquellos que lo maldicen. El mismo sol de Dios nace sobre todos—sean amigos o enemigos. Obviamente, esto no continuará así para siempre. A diferencia de lo que algunos creen, además de mostrar amor, Dios también castiga cuando es tiempo de juzgar. Los que los rechazan indefinidamente, serán condenados al final y dejarán de disfrutar de sus bendiciones. Pero por el momento, Dios les continúa mostrando su bondad para llevarlos al arrepentimiento. Si verdaderamente somos hijos de Dios, si queremos reflejar el carácter de Dios en nuestras vidas, entonces, así como Dios lo está haciendo presentemente, nosotros también debemos buscar el bien de nuestros enemigos y orar por ellos para que se arrepientan y encuentren el camino hacia Dios antes de que sea muy tarde para ellos. De otra forma, nos estamos comportando de la manera en que cualquier persona que NO conoce a Dios lo haría. Los “recaudadores de impuestos” eran considerados unos de los peores pecadores. Eran judíos que trabajan para el gobierno romano cobrando impuestos. Muchos recaudadores de impuestos recurrían a la extorsión e intimidación para sacar sus ganancias. Naturalmente, los recaudadores eran odiados entre los judíos por ser considerados unos traidores. Los “gentiles” eran las naciones paganas que no conocían a Dios ni a su santa ley. Jesús dice que tanto recaudadores de impuestos como gentiles aman a sus amigos. Si sólo amamos a los que nos aman pero no amamos a nuestros enemigos, no estamos siendo como Dios sino como cualquier otro pecador. Naturalmente, no debemos esperar ningún tipo de recompensa de parte de Dios si nos comportamos como pecadores. Por lo tanto, nuestro objetivo debe ser “perfectos como Dios es perfecto.” En esta sección, el ser perfecto significa amar al enemigo. Pero esta exhortación no sólo es la conclusión de esta sección pequeña sobre el amor a los enemigos sino de toda la sección de contraste entre lo que la tradición rabínica enseñaba y lo que Jesús decía. En otras palabras, debemos buscar la perfección del Padre hablando siempre con la verdad, siendo fiel al pacto matrimonial hasta la muerte, y absteniéndonos de pensamientos inmorales y del rencor, además de amar a nuestros enemigos.

Pero si somos honestos, debemos confesar que esto parece un objetivo inalcanzable. ¿Quién de nosotros puede amar a sus enemigos de esa manera? Como dijimos, esta no es una ética natural, sino sobrenatural. Por lo tanto, necesitamos la ayuda del Espíritu sobrenatural de Jesús para alcanzarla. Jesús no enseñó nada que Él mismo no practicaba. Jesús no buscó venganza personal. Por el contrario, Él amó a sus enemigos. Él oró por sus enemigos. Él murió por sus enemigos en la cruz. Cristo murió por nosotros cuando nosotros todavía estábamos enemistados con Dios y viviendo en pecado. Fue su amor sobrenatural el que nos llevó al arrepentimiento. Y si nos enfocamos en este amor sobrenatural que Él ya nos mostró por medio de la fe, su mismo Espíritu de amor sobrenatural llenará nuestros corazones y nos impulsará a mostrar el mismo amor por nuestros enemigos y alcanzar así la meta sobrenatural del amor perfecto de Dios en nuestras propias vidas. Y cuando fallemos, volvamos a enfocarnos en el perfecto amor y perdón que Dios nos continúa ofreciendo en Cristo, para levantarnos una vez más y proseguir hacia la meta del perfecto amor de Dios manifestado en nuestras vidas.

ORACIÓN

(Después de repetir el siguiente modelo, dirígete a Dios con tus propias palabras.)

Padre nuestro que estás en los cielos, gracias por enseñarnos que debemos amar a nuestros enemigos para llegar a ser como Tú. Gracias por habernos amado cuando todavía éramos tus enemigos. Gracias porque tu Hijo Jesús no decidió vengarse de sus verdugos sino que decidió sufrir la muerte por los pecados del mundo. Ayúdame a aprender de Él por medio de la fe para que pueda revelar su amor, el cual es tu amor, en mi propia vida. Te pido esto en el nombre de quien es el amor perfecto encarnado, Jesucristo, tu santo Hijo y nuestro amado Señor. Amén.


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