¿Qué tiene que ver el viaje de un anciano mesopotámico hace 4,000 años con el bienestar del mundo entero hoy?

Saga de Abraham
TEXTO BÍBLICO: GÉNESIS 11.27—12.9

11.27 Ésta es la historia de Téraj, el padre de Abram, Najor y Jarán. Jarán fue el padre de Lot, 28 y murió en Ur de los caldeos, su tierra natal, cuando su padre Téraj aún vivía. 29 Abram se casó con Saray, y Najor se casó con Milca, la hija de Jarán, el cual tuvo otra hija llamada Iscá. 30 Pero Saray era estéril; no podía tener hijos. 31 Téraj salió de Ur de los caldeos rumbo a Canaán. Se fue con su hijo Abram, su nieto Lot y su nuera Saray, la esposa de Abram. Sin embargo, al llegar a la ciudad de Jarán, se quedaron a vivir en aquel lugar, 32 y allí mismo murió Téraj a los doscientos años de edad. 12.1 El SEÑOR le dijo a Abram: «Deja tu tierra, tus parientes y la casa de tu padre, y vete a la tierra que te mostraré. 2 Haré de ti una nación grande, y te bendeciré; haré famoso tu nombre, y serás una bendición. 3 Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré a los que te maldigan; ¡por medio de ti serán bendecidas todas las familias de la tierra!» 4 Abram partió, tal como el SEÑOR se lo había ordenado, y Lot se fue con él. Abram tenía setenta y cinco años cuando salió de Jarán. 5 Al encaminarse hacia la tierra de Canaán, Abram se llevó a su esposa Saray, a su sobrino Lot, a toda la gente que habían adquirido en Jarán, y todos los bienes que habían acumulado. Cuando llegaron a Canaán, 6 Abram atravesó toda esa región hasta llegar a Siquén, donde se encuentra la encina sagrada de Moré. En aquella época, los cananeos vivían en esa región. 7 Allí el SEÑOR se le apareció a Abram y le dijo: «Yo le daré esta tierra a tu descendencia.» Entonces Abram erigió un altar al SEÑOR, porque se le había aparecido. 8 De allí se dirigió a la región montañosa que está al este de Betel, donde armó su campamento, teniendo a Betel al oeste y Hai al este. También en ese lugar erigió un altar al SEÑOR e invocó su nombre. 9 Después, Abram siguió su viaje por etapas hasta llegar a la región del Néguev.(NVI)

MEDITACIÓN

Conversando con un amigo el otro día, nos admirábamos de cómo cualquier interacción cotidiana puede tener un impacto grande e inesperado. Un hombre común y corriente puede escoger el único tarro de leche vencido de una tienda sin percatarse. Esa leche vencida ocasiona que el hombre se ponga mal y salga tarde al trabajo. Camino al trabajo, conoce a alguien en el bus. Se enamoran, se casan y tienen un bebé. Ese bebé crece y se convierte en el mejor presidente en la historia de la república. Millones de personas son beneficiadas. Todo porque un día su padre escogió el único tarro de leche que estaba vencido sin percatarse. Cosas así pasan todos los días. Algunos lo llaman suerte. Pero los cristianos entendemos que todo suceso de la historia, por más insignificante que sea, está dirigido por la mano poderosa y soberana de Dios. Y Dios puede dirigir las circunstancias de la vida para que una persona común y corriente tenga un impacto incalculable en el mundo entero. Hoy vemos en el texto bíblico que Dios usará a Abraham, un anciano mesopotámico que vivió hace 4,000 años, para bendecir a todo el mundo. El punto principal del pasaje es que Dios llamó a Abraham a la tierra de Canaán para bendecirlo junto con su descendencia y el mundo entero.

Primero leemos sobre la familia de Abraham (11.27-32), cuyo nombre en este punto de la historia todavía no había sido cambiado de “Abram” a “Abraham.” Esta sección empieza con la frase, “Esta es la historia de Teráj.” La Reina-Valera del 60 dice, “Éstas son las generaciones de Taré.” La frase señala el inicio de una nueva saga en Génesis. En otras palabras, el libro nos introduce a una serie de diversas narraciones sobre la misma persona. Aunque el texto dice que será “la historia de Teráj,” lo cierto es que el personaje principal será Abraham, su hijo. De hecho, Teráj muere al inicio de la historia. Teráj y su familia eran mesopotámicos, es decir que provenían de Mesopotamia. Para ser más preciso, provenían de Ur de los caldeos, localizado en lo que hoy en día es Iraq. Interesantemente, se nos dice que Najor, el hermano de Abraham, se casó con Milca, su sobrina, hermana de Lot e hija de Jarán, quien fallecería en Ur cuando su padre Teráj aún vivía. Pero todavía más importante para la historia es que Sara (llamada Saray en este punto), la esposa de Abraham, era estéril. La importancia de esta información saldría a la luz cuando Dios le prometiese descendencia a Abraham. De toda formas, Teráj parte con su familia de Ur a la ciudad de Jarán (en lo que hoy en día es Turquía) con la intención de llegar a Canaán (el Israel de hoy), la tierra que los descendientes de Abraham heredarían. A pesar que la ciudad donde Teráj se estableciera pareciese tener el mismo nombre de su hijo difunto Jarán, el texto original revela que eran nombres distintos y sin relación. Es en la ciudad de Jarán donde Teráj moriría y Abraham quedaría como el líder de la familia.

En segundo lugar, leemos sobre el llamado de Abraham (12.1-4). Esta es una de las partes más importantes de toda la Biblia. De este punto en adelante, al Antiguo Testamento empieza a trazar la historia de la nación de Israel desde el hombre de quien descenderían. Dios se le presenta a Abraham y le ordena mudarse a la tierra de Canaán, que, como ya dijimos, se convertiría en la tierra de sus descendientes. La orden divina de dejar “tu tierra y tus parientes” indica que Abraham recibió tal orden cuando todavía estaba en Ur. Esto es confirmado por el testimonio de Esteban en Hechos 7.2. Pero Dios no sólo le ordena mudarse sino que le hace una serie de promesas realmente maravillosas. En esencia, Dios le promete bendecirlo pero esa bendición constaría de tres componentes claves: (1) descendencia que constituiría una gran nación; (2) fama; y (3) un territorio donde la nación que saldría de sus entrañas viviría. La mención de descendencia debe alertarnos que Dios haría algún tipo de milagro porque la esposa de Abraham era estéril. Además, Abraham tenía 75 años cuando respondió al llamado. De todas formas, alguno podría pensar hasta este punto, “Sí, son promesas muy bonitas pero sólo conciernen a Abraham y al pueblo judío mas no a mí.” La última parte de la promesa deja en claro que este evento es de interés universal: “¡Por medio de ti bendeciré a todas las naciones de la tierra!” Dios no se ha olvidado del mundo que creó. Dios no es Dios de los judíos solamente. Dios elige a Abraham para bendecir a todo el mundo—a todos nosotros. Abraham se convertiría en el conducto de bendición divina. Cualquier nación de la tierra que bendijese a Abraham y a sus descendientes, recibiría la bendición de Dios pero cualquier nación que maldijese a Abraham y a sus descendientes, recibiría la maldición de Dios.

Por último, también leemos sobre la herencia de Abraham (12.5-9). El patriarca hebreo responde el llamado de Dios y llega a Canaán. El árbol de bellotas de Moré en Siquén es la primera parada de la familia mesopotámica. Abraham parece tener que habitar alejado de las ciudades cananeas presentes la tierra, quizá, por la cantidad de esclavos y animales que le pertenecían. Es justamente en esa localidad de Moré en Siquén que Dios se le aparece a Abraham y le asegura que, a pesar de encontrarse habitada por otros, Él le iba a conceder esa misma tierra a sus descendientes. En respuesta a la promesa divina y no habiendo todavía tabernáculo ni templo, Abraham construye un altar para adorar al Dios vivo que le prometía cosas tan maravillosas. Abraham construye otro altar en Betel, al sur de Siquén, para seguir adorando a Dios después de mudarse. Finalmente en la narración, el patriarca hebreo llega hasta el Néguev, la región más al sur de la tierra prometida. En un acto de fe en el Dios vivo que se le había revelado, Abraham dejó Ur y se encaminó a Canaán. Y Dios cumplió su promesa. Dios le dio descendencia, tierra y fama. La famosa nación de Israel que ha sobrevivido un sinnúmero de vicisitudes a través de toda su larga historia está compuesta por los descendientes de Abraham. Y hoy en día, Israel habita en “la tierra prometida,” la tierra de Canaán a la que Abraham llegó con su familia hace 4,000 años. Hoy en día, 4,000 años después, Abraham es celebrado como “el padre de la fe” por billones de personas de entre las tres grandes religiones monoteístas del mundo. Dios cumplió su promesa. Pero lo más maravilloso ha sido la manera en que el mundo entero ha sido bendecido por Abraham. Uno de sus descendientes lo sobrepasó en fama y en honor. El Hijo eterno de Dios se hizo hombre en Jesús de Nazaret, descendiente de Abraham. Jesús solucionó el problema más grande de la historia de la humanidad. El pecado nos había separado de nuestro Creador, de la fuente misma de la vida, desde la primera generación humana. Pero al morir en una cruz por el pecado y resucitar al tercer día, Jesús abrió el camino para la reconciliación con nuestro Creador. Enviados por su maestro, los apóstoles de Jesús, también descendientes de Abraham, esparcieron por todas las naciones el mensaje de perdón y reconciliación de Jesús. Hoy en día, la bendición de Dios a Abraham es comunicada por medio de Jesucristo. El que bendice a Jesús y lo reconoce como el Señor y Salvador del mundo, será bendecido por Dios. Pero el que lo maldice y lo rechaza, será él mismo maldito y rechazado por Dios. ¿Has recibido ya la bendición de Abraham? Bendice a Jesús, el descendiente de Abraham, y recibirás la bendición de Dios, serás incorporado a su pueblo santo, y heredarás “la tierra prometida celestial” cuando Jesús regrese en gloria. Responde al llamado de Dios con fe, como Abraham lo hizo, y recibe la bendición. 

ORACIÓN

(Después de repetir el siguiente modelo, dirígete a Dios con tus propias palabras.)

Padre nuestro que estás en los cielos, gracias por ser tan paciente con nosotros y haber elegido a un hombre para comunicar tu bendición a todas las naciones de la tierra. Bendecimos a Abraham y a su descendencia. Bendecimos al Señor Jesucristo, su descendiente principal. Bendícenos tú ahora como lo prometiste a Abraham. Sabemos que así lo harás porque eres un Dios fiel. Así como cumpliste tu promesa a Abraham, cumplirás tu promesa a nosotros. Ayúdanos a responder a tu llamado con fe como él lo hizo. Te pido esto confiando en tu Hijo Jesús, el descendiente de Abraham por medio del cual todas las naciones de la tierra reciben tu bendición. Amén.


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