¿Por qué la única excepción que permite el divorcio en el Evangelio de Mateo no aplica hoy?

Jesus Preaching the Sermon on the MountGustave Dore
TEXTO BÍBLICO: MATEO 5.31-32

31 “Se ha dicho: ‘El que repudia a su esposa debe darle un certificado de divorcio.’ 32 Pero yo les digo que, excepto en caso de [fornicación], todo el que se divorcia de su esposa, la [hace víctima de] adulterio, y el que se casa con la divorciada comete adulterio también.”(NVI)

MEDITACIÓN

El divorcio es una plaga que ha azotado a la humanidad en todas las épocas de su historia. Hoy en día, el divorcio se hace cada vez más y más común en nuestra cultura peruana. De hecho, parece haberse convertido en un gran negocio. Acabo de buscar en la internet la frase “divorcio Perú” con el fin de encontrar el porcentaje de matrimonios peruanos que terminan en divorcio. Los resultados me sorprendieron. En lugar de encontrar las cifras que buscaba, me encontré una larga lista de páginas que ofrecían asesoría legal para divorciarse.  Una de ellas incluso ofrecía “divorcios por internet,” “divorcio rápido” y “divorcio desde el extranjero.” El Perú está siguiendo la corriente establecida por Europa y los EEUU, en donde el divorcio es muy común. En estos lugares, el porcentaje de divorcio alcanza el 50%. Es decir, uno de cada dos matrimonios termina en divorcio. Pero el divorcio no es un fenómeno reciente ni mucho menos limitado al mundo occidental. El divorcio también era un gran problema en el medio oriente de hace 2,000 años en el que Jesús vivía, por lo cual el Señor expresa las palabras que leemos en el texto de hoy. Siguiendo con su famoso “Sermón del Monte,” Jesús continúa su explicación de algunos de los mandamientos con el fin de corregir la fijación en la letra de la ley que resulta en el descuido del corazón de la Ley. Como ya hemos visto, la manera en que Jesús hace esto es, primero, haciendo referencia a la interpretación tradicional o errónea del mandamiento y, segundo, ofreciendo su propia explicación autoritativa. Jesús busca corregir la noción errónea que el pecado sólo consiste en una acción externa. Él nos enseña que el pecado también consiste en una actitud del corazón. La lección de hoy es que Dios condena todo tipo de divorcio y nuevo casamiento. Una vez más, la lección se comunica en tres pasos.

Primer paso, la interpretación tradicional del mandamiento (v. 27). En el caso de hoy, Jesús no cita ningún mandamiento de la Ley de Moisés. En ninguna parte del Pentateuco se da una orden en las palabras que Jesús usa. Lo que sí se encuentra es un pasaje donde se contempla el divorcio y la emisión de un certificado pero aun en ese caso la orden no es que se debe emitir el certificado sino que no se debe volver a casarse con una ex-esposa que se haya casado con otro (Deu 24.1-4). Vemos entonces que lo que Jesús busca corregir no es ningún mandamiento de Dios sino la enseñanza tradicional de los rabinos de su tiempo. Algunos rabinos parecen haber llegado a enseñar que un hombre podía divorciarse de su mujer por cualquier motivo. Si un hombre encontraba a una mujer que le gustaba más que su mujer, éste hubiera tenido la bendición de su rabino para divorciarse y casarse con la otra. La enseñanza era que si el hombre le daba su certificado a la divorciada, éste había cumplido su obligación con Dios. En este sistema un hombre podría divorciarse de su mujer hasta porque ella haya preparado una mala comida. Naturalmente, el índice de divorcio y re-casamiento era muy alto en los tiempos de Jesús, quien deja en claro que Dios estaba completamente opuesto a tales prácticas.

Segundo paso, la instrucción autoritativa de Jesús (v. 28). Una vez más vemos que a diferencia de los rabinos de su tiempo, Jesús no deriva su enseñanza de otros sino que habla por su propia autoridad intrínseca como Hijo de Dios que conoce perfectamente el corazón del Padre celestial que dio el mandamiento. Él no dice, “los rabinos decían,” sino, “Yo les digo.” ¿Y qué enseñó Jesús? A diferencia de todos los rabinos de su tiempo, Jesús enseñó que todo divorcio y nuevo casamiento es adulterio para Dios. Jesús da una sola excepción y esa excepción no aplica hoy en día en nuestro contexto. La única excepción que Jesús da es “en caso de fornicación.” La manera en que la mayoría de cristianos evangélicos interpretan esto es que si estás casado y tu cónyuge te es infiel, tienes la bendición de Dios para divorciarte y volverte a casar. Pero hay un par de razones por las que esta parece una mala interpretación. La primera razón es la palabra que Mateo usa, “fornicación.” Si lo que la excepción estaba contemplando era infidelidad dentro del matrimonio, entonces la palabra más apropiada para describirla no hubiera sido “fornicación” sino “adulterio.” Es verdad que “fornicación” es un término muy amplio que puede abarcar muchas prácticas indecentes pero Mateo mismo parece hacer una distinción entre los términos en el versículo 15.19. Pero si la excepción en caso de fornicación no se refiere a infidelidad dentro del matrimonio, entonces ¿a qué se refiere? Parece referirse al caso específico de José, el padre adoptivo de Jesús. José estaba comprometido a casarse con María pero ellos todavía no habían consumado el matrimonio. Cuando José se entera que María había quedado embarazada antes de que ellos dos se unieran, decide divorciarse en secreto porque, según Mateo, José “era un hombre justo.” En el caso de José fue justo divorciarse porque el matrimonio todavía no había sido consumado. De todas formas, como ya había un contrato de por medio según la costumbre judía de ese tiempo, era necesario emitir un certificado de divorcio. Pero aun así, la razón por la que José decide divorciarse justamente era porque él pensaba que ella le había sido infiel antes de que se consuma el matrimonio, lo que constituirá el acto como fornicación, no como adulterio. Un caso así sería la única excepción que Mateo estaría contemplando. Por lo tanto, esa excepción no aplicaría a matrimonios consumados. Esto también explicaría por qué tal excepción está ausente en la instrucción de Jesús sobre el divorcio en Marcos 10.11-12 y Lucas 16.18, lo cual sería otra razón para concluir que no esta excepción no aplica a matrimonios hoy en día.

La conclusión es que Jesús enseña que Dios condena todo tipo de divorcio y nuevo casamiento. En otras palabras, aun en los casos extremos en que tu cónyuge te es infiel, no tienes el derecho de divorciarte y casarte con otra persona. Está claro que hay casos en los que sea recomendable una separación como cuando un hombre abusa física y verbalmente de su esposa. Pero el Apóstol Pablo enseña que aun en los casos donde matrimonios se separan, estas separaciones deben ser temporales con el objetivo de alcanzar la reconciliación con la ayuda del poder transformador de Cristo (1Cor 7.10-11). El matrimonio es un pacto sagrado de fidelidad incondicional delante de Dios de por vida. Sólo la muerte puede romper este pacto (Rom 7.2-3; 1Cor 7.39). Ninguna otra cosa nos puede exonerar de cumplir este compromiso delante de Dios porque el matrimonio debe reflejar la misma fidelidad incondicional que hay entre Cristo y su iglesia (Efe 5.22-33). Cristo perdona las infidelidades de su iglesia y nunca se divorcia de ella. La razón principal para casarse no es encontrar la felicidad personal sino glorificar a Dios imitando la fidelidad incondicional que Él tiene con su pueblo. Por lo tanto, si nunca te has casado pero desear hacerlo, toma todas las precauciones necesarias para no casarte con alguien de quien quieras divórciate en el futuro. Si estás casado, esfuérzate para cultivar tu matrimonio y la tentación del divorcio nunca asome la cabeza. Si estás separado o divorciado pero no te has vuelto a casar, pídele a Dios que haga un milagro en tu corazón y el de tu ex-cónyuge para que Dios restaure el matrimonio. Si te has divorciado y no hay esperanza de reconciliación porque tu ex-cónyuge se ha casado con otra persona, pídele a Dios que te ayude a ejercitar dominio propio y utiliza tu soltería como una oportunidad para servir a Jesús sin distracciones. Si te has divorciado de alguien y te has casado con otra persona, pídele perdón a Dios de corazón por el adulterio que cometiste y esfuérzate para cultivar tu nuevo matrimonio para que no vuelvas a divorciarte. Si has enviudado, tienes todo la bendición de Dios de volverte a casar con alguien que honre a Cristo. Sea en la situación que estés, esfuérzate en reflejar el amor y la fidelidad que Jesús le ha mostrado a su esposa, la iglesia.

ORACIÓN

(Después de repetir el siguiente modelo, dirígete a Dios con tus propias palabras.)

Padre nuestro que estás en los cielos, gracias por enseñarnos sobre la fidelidad que debe haber en el matrimonio. Perdónanos por todas las fornicaciones y adulterios que hemos cometido. Gracias por haber enviado a tu Hijo a cubrir nuestra injusticia con su sangre justa. Ayúdanos a apreciar más y más tu fidelidad en Cristo para que seamos conformados a ella en nuestras relaciones—sea cual sea nuestra condición. Te pido esto con plena confianza en el nombre de Jesús, el esposo fiel que dio su vida para perdonar y purificar a su esposa infiel. Amén.


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