¿En qué sentido somos todos (incluso tú) unos asesinos?

Jesus Preaching the Sermon on the MountGustave Dore

TEXTO BÍBLICO: MATEO 5.21-26

21 “Ustedes han oído que se dijo a sus antepasados: ‘No mates, y todo el que mate quedará sujeto al juicio del tribunal.’ 22 Pero yo les digo que todo el que se enoje con su hermano quedará sujeto al juicio del tribunal. Es más, cualquiera que insulte a su hermano quedará sujeto al juicio del Consejo. Pero cualquiera que lo maldigaquedará sujeto al juicio del infierno. 23 Por lo tanto, si estás presentando tu ofrenda en el altar y allí recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, 24 deja tu ofrenda allí delante del altar. Ve primero y reconcíliate con tu hermano; luego vuelve y presenta tu ofrenda. 25 Si tu adversario te va a denunciar, llega a un acuerdo con él lo más pronto posible. Hazlo mientras vayan de camino al juzgado, no sea que te entregue al juez, y el juez al guardia, y te echen en la cárcel. 26 Te aseguro que no saldrás de allí hasta que pagues el último centavo.” (NVI)

MEDITACIÓN

“¿Hasta qué cosas puedo llegar a hacer con mi novia sin que caigamos en fornicación?” Esta es una pregunta que muchos solteros en la iglesia se hacen. Algunos sólo se la hacen a sí mismos en privado, pero otros la expresan a sus pastores. Como es natural, los muchachos cristianos sienten el deseo de tener sexo con sus novias o enamoradas pero saben que Dios prohíbe tener sexo antes del matrimonio. Por lo tanto, algunos de ellos hacen diversas cosas con sus parejas para satisfacer sus deseos sexuales pero se detienen antes que haya penetración. Luego, suprimen todos sus ataques de consciencia por todas las cosas que sí hicieron y tratan de convencerse a sí mismos que no rompieron ningún mandamiento porque no hubo penetración. “Técnicamente,” se dicen, “no tuvimos sexo y, por lo tanto, no hubo fornicación ni pecado.” Este pensamiento está equivocado por muchas razones. Pero uno de los errores que esta actitud refleja es el pensamiento que los mandamientos de Dios sólo consisten en la definición de diccionario de la letra del mandamiento. En el ejemplo mencionado, Dios ordena que no se fornique. Fornicación significa tener relaciones sexuales fuera del matrimonio; por lo tanto, —razonan estas personas—si no hay penetración, no hay fornicación. Pero este pensamiento ignora el hecho de que la ley de Dios no sólo tiene una letra si no también un corazón, un espíritu. Estas personas sólo se preguntan, “¿Qué dijo Dios?,” pero nunca, “¿Qué quiso decir?,” o “¿Por qué lo dijo?” Esta fijación en la letra de la ley y olvido del espíritu de la ley no sólo caracteriza a muchos hoy en día. También caracterizaba a muchos en el tiempo de Jesús. De hecho, caracterizaba a muchos maestros de la ley en el tiempo de Jesús. Por lo tanto, en un esfuerzo por corregir las malas interpretaciones de la ley de Dios, Jesús empieza a ofrecer la verdadera interpretación de algunos mandamientos de la ley en su famoso “Sermón del Monte.” La manera en que lo hará en todos los casos es haciendo referencia a una interpretación tradicional o errónea del mandamiento y luego ofreciendo su explicación autoritativa. Jesús corregirá el error que concluye que el pecado sólo consiste en una acción externa. Él nos enseñara que el pecado también consiste en una actitud del corazón. Y la primera lección que Él nos da es que guardar rencores viola el corazón del mandamiento de no asesinar. La lección se comunica en tres pasos.

Primero, la interpretación tradicional del mandamiento (v. 21). Dios había ordenado a su pueblo, “No matarás.” De hecho, una traducción más precisa podría decir, “No asesinarás.” Eso es lo que estaba escrito en la ley de Dios. De todas formas, Jesús no dice, “Han leído,” sino, “Han oído.” Es decir que Jesús no busca corregir el mandamiento inviolable de Dios sino la interpretación minimalista del mandamiento. Las personas que reducen el mandamiento divino a la definición de diccionario de “asesinato” cometen un serio error. En otras palabras, las personas que piensan que han guardado este mandamiento sólo por no haber tomado la vida de otra persona se engañan a sí mismas. Estas personas ignoran el corazón del mandamiento.

Segundo, la explicación autoritativa de Jesús (v. 22). Los maestros del tiempo de Jesús enseñaban haciendo referencia a lo que otros grandes rabinos antes de ellos habían dicho. Por ejemplo, algunos enseñaban diciendo, “el rabino Hilel enseñaba tal y cual cosa.” A diferencia de todos ellos, Jesús enseñaba en base exclusiva de su propia autoridad. Él no decía, “aquel rabino dijo,” sino, “Yo digo.” La enseñanza autoritativa de Jesús era el resultado natural de su identidad. Jesús no era otro rabino más. Jesús es el Hijo de Dios, el rabino de rabinos. La explicación de Jesús es la interpretación del mandamiento más confiable de todas porque Él habla como el Hijo de Dios que conoce íntimamente el corazón del Padre celestial que dio el mandamiento. Y la enseñanza de Jesús al respecto del asesinato es sorprendente. El mandamiento de no asesinar no sólo prohíbe la acción del asesinato sino también la actitud o disposición del corazón que conlleva a ello. El guardar odio y rencor contra alguien viola el corazón del mandamiento. El guardar rencores es asesinar con el corazón. El insultar es asesinar con el corazón. El maldecir es asesinar con el corazón. Todo eso es una violación del mandato de no asesinar porque el mismo mandato se deriva del principio mayor del amor. Y el amor no hace nada de eso. Como consecuencia, Jesús también enseña que no sólo el que ha tomado la vida de su prójimo es culpable de haber asesinado, sino que el que guarda rencores, el que insulta, el que maldice, ese también es culpable. Y no sólo es culpable ante algún juzgado terrenal, sino que, literalmente, “quedará sujeto al juicio del infierno.” Nuestras almas están en juego. Es imperativo que desechemos el rencor de nuestros corazones.

Tercero y último, la aplicación de Jesús (vv.23-26). Jesús mismo deriva una aplicación para nosotros: ¡Busca la reconciliación antes que seas juzgado! ¡Busca la reconciliación cuanto antes! ¡Haz de la reconciliación la prioridad en tu vida! Nos engañamos a nosotros mismos si creemos que podemos tener una buena relación con Dios y, a la misma vez, tener una mala relación con nuestro prójimo hecho a imagen y semejanza de Dios. Si en verdad tenemos paz con Dios, también debemos tener paz con nuestro prójimo—por lo menos, en nuestros propios corazones. Si nosotros hemos buscado la reconciliación con alguien y la otra persona se rehúsa a dar la paz, entonces el problema ya no es nuestro sino de la otra persona. Pero si nosotros no hemos buscado la paz y la reconciliación, entonces el problema sí es nuestro. De hecho, estamos pecando e insultando a Dios viniendo a la iglesia y diciéndole lo mucho que lo amamos cuando a la misma vez tenemos odio y rencor en el corazón por nuestro prójimo. Dios ve nuestro corazón. Dios ve nuestra hipocresía. Dios condena nuestra hipocresía. Y Dios juzgará nuestra hipocresía. De hecho, Jesús nos dice que tendremos que pagar hasta “el último centavo” por nuestro rencor. Por lo tanto, ¡busca la reconciliación cuanto antes! Si no tienes las fuerzas para hacerlo, aprende del ejemplo de Jesús. El Señor vino a reconciliar a pecados rebeldes consigo mismo. Él no sólo predicó el perdón sino que murió en una cruz y derramó toda su sangre preciosa para hacer ese perdón posible. Mira a Jesús y recuerda que tú eres uno de los pecadores por los que Él murió para reconciliar consigo mismo. Mira a Jesús y aprende de su amor y perdón. Jesús fue condenado para que tú no tuvieras que serlo. Renuncia a tu rencor y aférrate a Jesús. ¡Busca la reconciliación cuanto antes!

ORACIÓN

(Después de repetir el siguiente modelo, dirígete a Dios con tus propias palabras.)

Padre nuestro que estás en los cielos, gracias por enseñarnos que el asesinato empieza en el corazón. Gracias por enseñarnos que estamos violando tu mandamiento al guardar rencor, al insultar y al maldecir. Perdónanos por haber hecho todo eso. Haz cirugía espiritual en nuestros corazones. Quita de nosotros el corazón de rencor y danos el corazón de amor y paz de Jesús. Ya no quiero maldecir a nadie. Sólo quiero bendecir. Te pido esto con plena confianza que me responderás porque estoy seguro que ésta es tu voluntad en Cristo para mi vida. Gracias, Padre. Amén.


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