¿Cómo se manifestó la misericordia de Dios cuando castigó a toda la tierra con el diluvio?

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TEXTO BÍBLICO: GÉNESIS 8.1-19

 1 Dios se acordó entonces de Noé y de todos los animales salvajes y domésticos que estaban con él en el arca. Hizo que soplara un fuerte viento sobre la tierra, y las aguas comenzaron a bajar. 2 Se cerraron las fuentes del mar profundo y las compuertas del cielo, y dejó de llover. 3 Poco a poco las aguas se fueron retirando de la tierra. Al cabo de ciento cincuenta días las aguas habían disminuido. 4 El día diecisiete del mes séptimo el arca se detuvo sobre las montañas de Ararat, 5 y las aguas siguieron bajando hasta que el primer día del mes décimo pudieron verse las cimas de las montañas. 6 Después de cuarenta días, Noé abrió la ventana del arca que había hecho 7 y soltó un cuervo, el cual estuvo volando de un lado a otro, esperando a que se secara la tierra. 8 Luego soltó una paloma, para ver si las aguas que cubrían la tierra ya se habían retirado. 9 Pero la paloma no encontró un lugar donde posarse, y volvió al arca porque las aguas aún cubrían la tierra. Noé extendió la mano, tomó la paloma y la metió consigo en el arca. 10 Esperó siete días más y volvió a soltar la paloma fuera del arca. 11 Caía la noche cuando la paloma regresó, trayendo en su pico una ramita de olivo recién cortada. Así Noé se dio cuenta de que las aguas habían bajado hasta dejar la tierra al descubierto. 12 Esperó siete días más y volvió a soltar la paloma, pero esta vez la paloma ya no regresó. 13 Noé tenía seiscientos un años cuando las aguas se secaron. El primer día del primer mes de ese año, Noé quitó la cubierta del arca y vio que la tierra estaba seca. 14 Para el día veintisiete del segundo mes, la tierra estaba ya completamente seca. 15 Entonces Dios le dijo a Noé: 16 «Sal del arca junto con tus hijos, tu esposa y tus nueras. 17 Saca también a todos los seres vivientes que están contigo: las aves, el ganado y todos los animales que se arrastran por el suelo. ¡Que sean fecundos! ¡Que se multipliquen y llenen la tierra!» 18 Salieron, pues, del arca Noé y sus hijos, su esposa y sus nueras. 19 Salieron también todos los animales: el ganado, las aves, y todos los reptiles que se mueven sobre la tierra, cada uno según su especie.(NVI)

MEDITACIÓN

Todo buen padre sabe que, si uno de sus hijos viene acusando a su hermano de alguna travesura, es necesario escuchar a la persona acusada antes de determinar qué pasó. Lo mismo debe hacer un juez ante un caso entre adultos. Siempre que se tiene que emitir un juicio, es necesario conocer los dos lados de una historia. Si indagáramos entre las personas que fueron destruidas por el diluvio universal, quizá concluiríamos que Dios es un Dios extremadamente severo e incluso hasta injusto. Pero esa no sería una investigación completa. Nos faltaría indagar entre las personas que sobrevivieron el diluvio, es decir, entre Noé y su familia. A diferencia de presentar a un Dios exageradamente severo, la historia de Noé nos presenta a un Dios de bondad y fidelidad. Justamente, este es el punto del relato bíblico. Dios muestra su bondad y fidelidad a Noé y a todos en el arca salvándolos del diluvio. Primero, Dios muestra su fidelidad poniendo fin al diluvio (vv. 1-2). Cuando el texto dice, “Dios se acordó de Noé,” quiere decir que Dios empezó a obrar la salvación que le había prometido a Noé. El primer paso fue cerrar todas las fuentes de inundación y toda la lluvia. El texto también dice que un “viento” soplaba sobre la tierra inundada. La palabra “viento” es la misma palabra para “espíritu” en hebreo. Al igual que la historia de la creación en Génesis 1 donde el “Espíritu de Dios se movía sobre las aguas,” el “viento” o “espíritu” de Dios se dispone a traer orden en medio del caos en nuestro relato. El segundo paso en la salvación de Dios a Noé fue obrar la disminución de las aguas diluviales (vv. 3-12). Poco a poco, las aguas decrecen hasta que, primero, el arca se detiene sobre las montañas de Ararat, en lo que hoy en día es Turquía, y, después, la paloma que envió Noé regresa con una ramita de olivo en el pico, señal que las aguas habían bajado hasta el punto que árboles pequeños ya habían salido a la luz. Pero no fue un proceso rápido. Fue un proceso de 150 días, casi 5 meses, en que la aguas diluviales llenaron la tierra y otros 150 días para que bajen hasta el punto que la tierra vuelva a salir a la luz, lo que nos lleva al tercer paso en la salvación de Dios a Noé: la orden a salir a tierra seca (vv. 13-19). Noé había entrado al arca el día 17 del segundo mes cuando él tenía 600 años. Noé salió del arca el día 27 del segundo mes cuando él tenía 601 años. En otras palabras, Noé y su familia vivieron por un año entero en el arca. No fue fácil. Mucho menos rápido. Pero Dios fue fiel a sus promesas y salvó a Noé y, con él, a la humanidad y al resto de la creación. De hecho, vemos un nuevo inicio, muy similar al de Génesis 1. No sólo vemos que el “viento” o “espíritu” de Dios produce orden en medio del desorden diluvial, sino que, de la misma manera en que Dios bendijo a los animales en el primer capítulo de Génesis, Dios les dice que deben ser fecundos, multiplicarse en gran manera, para llenar así toda la tierra. Dios es un Dios de bondad y fidelidad. Así se lo mostró a Noé y a su familia. Así nos lo ha mostrado a nosotros. Pero Dios no es un Dios de bondad y fidelidad sólo para con Noé. Dios también mostró su paciencia y misericordia a toda la humanidad. Como veremos en las siguientes lecturas, el diluvio no solucionaría el problema del pecado humano. Por más justo que Noé haya sido, el pecado también moraba en él y en sus hijos. Sus descendientes se rebelarían contra Dios en el futuro. El diluvio puso fin a la excesiva maldad que reinaba en el mundo pre-diluvial pero no puso fin al mal del corazón del ser humano. Es decir que el salvar a Noé y a sus hijos y permitirles seguir reproduciéndose es un acto de gran paciencia y misericordia para toda la humanidad. Dios decide salvar a la raza humana a pesar de saber que ellos seguirían rebelándose, porque, a pesar que el diluvio no puso fin a la maldad del corazón humano, Dios había planeado hacer otra cosa para solucionar el problema que el diluvio no solucionó. Dios mandaría a su Hijo a morir en una cruz para librarnos de la culpa y del dominio del pecado. Su Hijo resucitaría y derramaría su Espíritu de amor y de justicia sobre los corazones de todos los que creyeren en Él para transformarlos y poner fin a la maldad del corazón humano. Pero al igual que la salvación que Dios trajo a Noé, no sería un proceso fácil ni rápido. Los que confían en el Hijo de Dios pasan por las aguas del bautismo como Noé pasó por las aguas del diluvio. Los que confían en el Hijo de Dios son incorporados a la iglesia que los protege de las tentaciones del mundo pecaminoso como la familia de Noé ingresó al arca que los protegía de las aguas destructoras. Los que confían en el Hijo de Dios no se rinden y siguen luchando con las tentaciones del pecado por todas sus vidas así como Noé estuvo un año entero en el arca. Pero al igual como Noé y su familia heredaron un mundo renovado, Cristo y todos los que confían en Él hasta la muerte heredarán nuevos cielos y una nueva tierra donde reinan el amor y la justicia de Dios. Noé probó la misericordia de Dios. ¿La probarás tú?

ORACIÓN

(Después de repetir el siguiente modelo, dirígete a Dios con tus propias palabras.)

Padre nuestro que estás en los cielos, gracias por mostrar tu paciencia y tu misericordia en medio de la severidad con la que castigas el pecado justamente. Gracias por haber salvado a Noé y habernos salvado a nosotros con él. Gracias por haber hecho algo más que mandar un diluvio para salvarnos. Gracias por haber mandado a tu Hijo y a tu Espíritu para poner fin al mal que existe en nuestros corazones. Perdóname por mis pecados. Renueva mi corazón así como renovaste la tierra con el diluvio. Transfórmame a la imagen de tu Hijo para que herede el nuevo mundo que Él traerá. Te pido esto confiando en su justicia perfecta que transforma mi vida y el mundo entero. Amén.


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