¿Cómo podemos alegrarnos cuando sufrimos por la justicia?

Jesus Preaching the Sermon on the MountGustave Dore
TEXTO BÍBLICO: MATEO 5.1-12

 1 Cuando vio a las multitudes, subió a la ladera de una montaña y se sentó. Sus discípulos se le acercaron, 2 y tomando él la palabra, comenzó a enseñarles diciendo: 3 «Dichosos los pobres en espíritu, porque el reino de los cielos les pertenece. 4 Dichosos los que lloran, porque serán consolados. 5 Dichosos los humildes, porque recibirán la tierra como herencia. 6 Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. 7 Dichosos los compasivos, porque serán tratados con compasión. 8 Dichosos los de corazón limpio, porque ellos verán a Dios. 9 Dichosos los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios. 10 Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque el reino de los cielos les pertenece. 11 Dichosos serán ustedes cuando por mi causa la gente los insulte, los persiga y levante contra ustedes toda clase de calumnias. 12 Alégrense y llénense de júbilo, porque les espera una gran recompensa en el cielo. Así también persiguieron a los profetas que los precedieron a ustedes.»(NVI)

MEDITACIÓN

Algunas personas no van a la universidad porque quieren empezar a hacer dinero cuanto antes y no quieren “gastar” dinero, tiempo y esfuerzo estudiando muchos años. Otras personas optan por una carrera bien corta para que el tiempo y el esfuerzo gastados en la universidad sean mínimos. Pero otras personas deciden invertir muchos años, mucho dinero y mucho esfuerzo en la universidad porque saben que gracias a toda esa inversión podrán obtener mejores empleos y mayor remuneración. Cuando estas últimas personas están sufriendo, amaneciéndose tratando de completar una tarea dificilísima en el quinto año de estudios, ellos persisten a través de las dificultades pensando: “si hago esto, mi vida será mejor que si no lo hago.” Y normalmente es así. A pesar que haya excepciones, la regla es que los que estudian más y se esfuerzan más en la universidad, consiguen mejores trabajos que los que no lo hicieron. ¡El sacrificio paga! No sólo en el mundo laboral, sino también en el mundo espiritual. En el relato bíblico de hoy, Jesús empieza lo que se conoce como  “el sermón del monte,” el primero de cinco discursos en el evangelio de Mateo. Este sermón empieza con las famosas “bienaventuranzas.” El punto de las bienaventuranzas es que podemos hallar gozo en medio del sufrimiento por Cristo recordando que los que sufren por Él serán recompensados en su reino venidero. En otras palabras, ¡vale la pena sufrir por Cristo! El Señor quiere que sepamos y recordemos que nuestro servicio sufrido y sacrificado será recompensado para que nos gocemos cuando suframos por Él y podamos perseverar en medio del sufrimiento para alcanzar esa recompensa. Y es que sin esperanza, no hay perseverancia. Hay dos palabras claves que se repiten a través del pasaje. La primera es “dichosos.” Esta palabra se usaba entre los paganos con el sentido de “afortunado” o “suertudo.” En un sentido cristiano, el “dichoso” es alguien que debe estar feliz y agradecido porque haber sido bendecido con circunstancias favorables. Lo que sorprende es que Jesús llame “dichosos” a “los pobres en espíritu” (los que reconocen su necesidad de Dios), a “los que lloran,” a “los humildes” (los que no se vanaglorian), a “los que tienen hambre y sed de justicia” (los descontentos con el mal en el mundo y en sus propios corazones), “los compasivos” (los que sufren con el dolor de otros y los ayudan), “los puros de corazón” (los que sirven a Dios sin hipocresía), “los que trabajan por la paz” (los reconciliadores—no sólo entre hombres sino los hombres y Dios), “los perseguidos por causa de la justicia,” los insultados, perseguidos y calumniados por causa de Cristo. Estas personas, dice Jesús, deben estar felices y agradecidas por las circunstancias en las que se encuentran. ¿Cómo puede decir Jesús algo así? La segunda palabra que se repite a través de todo el pasaje es “porque.” En todos los casos que Jesús pronuncia una bienaventuranza, nos da la razón por la cual esa circunstancia debe ser contada favorable. Estas personas sufridas deben estar contentas porque “el reino de Dios les pertenece,” “serán consolados,” “recibirán la tierra como herencia,” “serán saciados,” “serán tratados con compasión,” “verán a Dios,” “serán llamados hijos de Dios,” “les espera una gran recompensa en el cielo.” En todos los casos, la razón es un tipo de recompensa futura garantizada por el sufrimiento presente. Jesús nos recuerda la recompensa futura por el servicio sacrificado a Dios para que nos gocemos en el presente y tengamos la fuerza para seguir sirviendo con el objetivo de recibir tal recompensa gloriosa. Pero hay un punto que es necesario recalcar para no caer en un error muy serio. Estas recompensas son derivadas de la unión a Cristo. Jesús no está hablando de cualquier tipo de sufrimiento. Jesús no está diciendo que las “buenas personas” que sufren en este mundo irán al cielo por ser buenos, sean de la religión que sean. No. Jesús está hablando de un servicio sacrificado a Él. Jesús está hablando de un servicio que nace de la convicción que Él es el Mesías, el Hijo de Dios. Jesús está hablando de un sacrificio que nace de la fe en Él que imita sus propios sacrificios con el fin de traer la paz entre Dios y los hombres. Son sólo aquellos que sufran por su servicio a Jesús que serán recompensados cuando Él establezca su reino mesiánico eterno en la tierra. Son estas personas las que se pueden contar “dichosas” y “bienaventuradas.” La pregunta ahora es, “¿Eres tú bienaventurado?” Si no, ¿qué cambios debes hacer en tu vida para serlo?

ORACIÓN

(Después de repetir el siguiente modelo, dirígete a Dios con tus propias palabras.)

Padre nuestro que estás en los cielos, gracias por el consuelo y el ánimo que nos brindan las bienaventuranzas. Gracias por las recompensas tan grandes que nos ofreces por los sacrificios que hacemos por tu Hijo. Nuestro anhelo más grande es poder ver tu rostro en Él. Es tu presencia lo que hace del paraíso algo que nosotros anhelemos. Danos una visión más clara de tu gloria y de tu belleza para gozarnos en medio del sufrimiento por la convicción que te veremos si perseveramos. Te pido esto con la certeza que me responderás porque te lo pido por medio de tu Hijo Jesús, el más bienaventurado de todos, la fuente de nuestra dicha. Amén.


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