¿Cómo puedes vencer las tentaciones más severas?

Jesus Preaching the Sermon on the MountGustave Dore

TEXTO BÍBLICO: MATEO 4.1-11

 1 Luego el Espíritu llevó a Jesús al desierto para que el diablo lo sometiera a tentación. 2 Después de ayunar cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. 3 El tentador se le acercó y le propuso:

—Si eres el Hijo de Dios, ordena a estas piedras que se conviertan en pan.

4 Jesús le respondió:

—Escrito está: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.”

5 Luego el diablo lo llevó a la ciudad santa e hizo que se pusiera de pie sobre la parte más alta del templo, y le dijo:

6 —Si eres el Hijo de Dios, tírate abajo. Porque escrito está: “Ordenará que sus ángeles te sostengan en sus manos, para que no tropieces con piedra alguna.”

7 —También está escrito: “No pongas a prueba al Señor tu Dios” —le contestó Jesús.

8 De nuevo lo tentó el diablo, llevándolo a una montaña muy alta, y le mostró todos los reinos del mundo y su esplendor.

9 —Todo esto te daré si te postras y me adoras.

10 —¡Vete, Satanás! —le dijo Jesús—. Porque escrito está: “Adora al Señor tu Dios y sírvele solamente a él.”

11 Entonces el diablo lo dejó, y unos ángeles acudieron a servirle.(NVI)

MEDITACIÓN

Yo no tolero el hambre. Cuando estoy con hambre, me pongo muy irritable y pierdo las ganas de conversar. El hambre me hace perder la paciencia y dar respuestas muy cortantes. Cuando estoy con hambre, dejo de pensar en otras personas y sólo pienso en cuándo voy a comer. El hambre hace que mi egoísmo salga a la luz. No es que el hambre produzca el egoísmo de la nada sino que ocasiona que lo malo que estaba escondido dentro de mi corazón salga a la luz. Si eso pasa cuando no he comido por unas cuantas horas, ¡no me imagino lo que pasaría si no comiera por 40 días! A diferencia de mi experiencia, Jesús pasó 40 días y 40 noches sin probar alimento y no pecó ni una sola vez. Sorprendentemente, el texto bíblico nos dice que fue el mismo Espíritu de Dios quien lo llevó al desierto para ser tentado. El Espíritu no lo tentó. El diablo lo hizo. Pero fue el Espíritu que acababa de reposar sobre Él como una paloma durante su bautismo que lo llevó al desierto. ¿Por qué? Jesús fue llevado a una tentación desértica de 40 días para seguir tomando el lugar del pueblo de Dios y vencer donde ellos habían sido derrotados. Me explico. Dios había elegido a Israel para bendecir a todo el mundo a través de ellos. Dios los liberó de la esclavitud y los sacó de Egipto. Luego, abrió el Mar Rojo para que ellos pasaran en medio de sus aguas. Finalmente, los guió por el desierto de Sinaí por 40 años para ponerlos a prueba antes de darles su herencia. Lamentablemente, Israel no pasó la prueba: casi toda esa generación pecó seriamente y, por lo tanto, perecieron sin heredar la tierra prometida. Jesús fue enviado para salvar a su pueblo de sus pecados y, para lograrlo, tomó el lugar de ellos. Jesús también fue sacado de Egipto. (Recordemos que había ido allí porque Herodes intentó matarlo de niño). Jesús también pasó por las aguas, no del Mar Rojo, sino del bautismo. Y Jesús también fue tentado en el desierto, no 40 años, sino 40 días y cuarenta noches. Pero a diferencia de Israel, Jesús sí pasó la prueba y, gracias a esa victoria, pudo ofrecer su justicia en lugar de su pueblo en la cruz y salvarlos así de sus pecados. En la primera tentación, Satanás, cuyo nombre significa “el Adversario,” apela al orgullo y al apetito (“convierte estas piedras en pan”) para invitar a Jesús a la independencia. El diablo incita a Jesús a demostrar con un milagro que verdaderamente Él es quien Dios dice que es, “su Hijo amado.” Jesús pudo haberlo hecho, y seguramente tenía las ganas de hacerlo ya que no había comido por 40 días, pero el Espíritu de su Padre lo había llevado a ayunar. El mismo Espíritu—no Satanás—determinaría cuando lo dejaría de hacer. En la segunda tentación, Satanás apela al orgullo una vez más (“si eres el Hijo de Dios”) e invita a la desconfianza. Si Dios ya había declarado que Jesús era su Hijo que gobernaría sobre toda la tierra a su tiempo debido, ¿para qué pedir pruebas de ello a Dios? ¿Para qué tirarse de la cima del templo para ver si Dios lo protegería? Dios necesita decir algo sólo una sola vez para que le creamos sin reservas y sin necesidad de pruebas adicionales. Sólo el que no está convencido de lo que Dios ha dicho le pide pruebas. Interesantemente, vemos que en esta prueba, el diablo tuerce las palabras de la Biblia para tentar a Jesús. De manera similar, hay muchos predicadores que son agentes del diablo y tuercen las palabras de la Biblia para llevar a las personas que no las conocen bien a pecar y a desconfiar de Dios. En la tercera tentación, Satanás apela al deseo de placer inmediato e invita a Jesús a la desobediencia descarada: “Adórame a cambio de los reinos de la tierra. Olvídate del ayuno. Olvídate del sufrimiento. Olvídate del sacrificio que tendrás que hacer en la cruz. Todo puede ser tuyo si sólo te postras ante mí ahora.” Gracias a Dios, Jesús resistió la tentación de la satisfacción inmediata pero pasajera y eligió el camino de la cruz que lleva a la gloria eterna, para Él y para todos los que creemos en Él. Su victoria fue nuestra victoria. Si no hubiera resistido la tentación, no nos hubiera podido salvar. Nuestra vida estaba en juego en el desierto. ¿Pero cómo venció la tentación? En todos los casos, lo hizo citando la Biblia, específicamente, del libro de Deuteronomio que registra la tentación de Israel en el desierto. Si nosotros estudiamos la Biblia diligentemente con fe, también podremos resistir las tentaciones que este mundo nos ofrece. Como Jesús, podremos responder de memoria con la Palabra de Dios a las diversas tentaciones que el diablo nos envíe. Y así como Jesús lo dejó todo en la lucha contra la tentación, nosotros debemos luchar con todo. Nuestra vida está en juego. Pero gracias a Dios, la victoria de Jesús en el desierto hizo posible que Él muera en la cruz como nuestro sustituto. Gracias a esto, hemos sido reconciliados a Dios y hemos recibido del mismo Espíritu que fortaleció a Jesús en sus tentaciones. Su confiamos en sus promesas en la Biblia, el Espíritu de Jesús nos dará la victoria. Confía en Jesús para que su Espíritu esté en tu corazón y su Palabra en tu boca. De esa manera, el diablo no podrá vencerte nunca.

ORACIÓN

(Después de repetir el siguiente modelo, dirígete a Dios con tus propias palabras.)

Padre nuestro que estás en los cielos, gracias por la victoria importantísima que Jesús logró en el desierto a nuestro favor. No sólo sirvió para calificarlo como nuestro Salvador sino que también nos da un modelo de cómo vencer a la tentación en nuestras vidas para la gloria de tu buen nombre. Ayúdanos a equiparnos para la batalla con un conocimiento cada vez más profundo de tu Palabra. Fortalece nuestra fe y llénanos de tu Espíritu Santo. Con tu ayuda podremos vencer cualquier tentación del enemigo. Te pido esto con la certeza que me responderás porque te lo pido por medio de tu Hijo Jesús, tu amado, quien venció a nuestro enemigo para darnos la victoria para la alabanza de tu nombre. Amén.


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