¿Qué nos pasará si hemos sido bautizados pero vivimos como el resto del mundo?

Jesus Preaching the Sermon on the MountGustave Dore

TEXTO BÍBLICO: MATEO 3.1-12 

1 En aquellos días se presentó Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea. 2 Decía: «Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos está cerca.» 3 Juan era aquel de quien había escrito el profeta Isaías: «Voz de uno que grita en el desierto: “Preparen el camino para el Señor, háganle sendas derechas.”» 4 La ropa de Juan estaba hecha de pelo de camello. Llevaba puesto un cinturón de cuero y se alimentaba de langostas y miel silvestre. 5 Acudía a él la gente de Jerusalén, de toda Judea y de toda la región del Jordán. 6 Cuando confesaban sus pecados, él los bautizaba en el río Jordán. 7 Pero al ver que muchos fariseos y saduceos llegaban adonde él estaba bautizando, les advirtió: «¡Camada de víboras! ¿Quién les dijo que podrán escapar del castigo que se acerca? 8 Produzcan frutos que demuestren arrepentimiento. 9 No piensen que podrán alegar: “Tenemos a Abraham por padre.” Porque les digo que aun de estas piedras Dios es capaz de darle hijos a Abraham. 10 El hacha ya está puesta a la raíz de los árboles, y todo árbol que no produzca buen fruto será cortado y arrojado al fuego. 11 Yo los bautizo a ustedes con agua para que se arrepientan. Pero el que viene después de mí es más poderoso que yo, y ni siquiera merezco llevarle las sandalias. Él los bautizará con el Espíritu Santo y con fuego. 12 Tiene el rastrillo en la mano y limpiará su era, recogiendo el trigo en su granero; la paja, en cambio, la quemará con fuego que nunca se apagará.» (Mat 3:1-12 NVI)

MEDITACIÓN

¿Qué piensas de las personas que se ponen a predicar a toda voz en las calles? Sé franco. Seguramente las has visto. ¿Qué piensas de ellos? En el mejor de los casos, debes haber pensado que son personas de una fe admirable. En el peor de los casos, puedes haber pensado que son locos que andan suelto y deberían estar en un manicomio. Yo sí he visto algunas de estas personas pero nunca he visto que la gente se amontone para escucharlos. En nuestro texto, no sólo vemos que la gente se amontonaba para escuchar a Juan el Bautista sino que también salían de la ciudad al desierto para hacerlo. Juan era una persona muy peculiar. Su ropa de pelo de camello y su cinturón de cuero le hubiera recordado a su audiencia del Profeta Elías (2Re 1.8), quien fue arrebatado vivo al cielo (2Re 2.11) y cuya reaparición Dios había prometido para el tiempo previo al juicio divino (Mal 4.5-6). Eran tiempos muy difíciles los de Juan. El imperio romano tenía al pueblo judío bajo control y ellos estaban esperando que Dios haga algo al respecto. Juan les daba la esperanza que Dios iba hacer algo muy grande, muy pronto. El texto bíblico de hoy resalta tres cosas de su labor. Lo primero es la predicación de Juan. Básicamente, su mensaje a todos era, “¡arrepiéntanse!” Arrepentirse significa lamentarse por una mala actitud o conducta con el resultado de un cambio de rumbo. El verdadero arrepentimiento se mide por las buenas obras que produce, por lo cual Juan exigía a su audiencia producir “frutos que demuestren arrepentimiento.” En pocas palabras, si dices estar arrepentido, pero continuas haciendo el mal que hacías sin mayor cambio, entonces NO estás arrepentido. La razón por la que debían arrepentirse era que “el reino de los cielos está cerca,” es decir que Dios estaba a punto de establecer su dominio en la tierra. Esto produciría un juicio divino para el cual la gente debía prepararse arrepintiéndose. El segundo elemento que el texto resalta era la práctica de Juan, es decir, el bautismo. Esta es la razón por la que él se conoce como Juan “el Bautista.” El bautismo consistía en el ritual de sumergir al penitente (persona que expresa arrepentimiento) en las aguas del río Jordán para simbolizar su purificación delante de Dios. El bautismo de Juan no era el bautismo cristiano. El de Juan era un bautismo de arrepentimiento mas el cristiano es un bautismo de arrepentimiento y fe en la persona y la obra del Señor Jesucristo, lo cual todavía se había manifestado. De todas formas, la experiencia nos muestra que no todos los que han sido bautizados en el nombre de Jesús viven vidas de arrepentimiento. A tales personas, Juan les advertiría lo mismo que les advirtió a los “fariseos y saduceos” (religiosos judíos) que vinieron a verlo: “no se crean que su trasfondo racial o religioso los salvará.” Ser judíos de nacimiento NO salvaría a los fariseos o saduceos como tampoco haber sido bautizados NO nos salvará a nosotros si no practicamos al arrepentimiento en nuestras vidas. Si no enmendamos nuestros caminos y vivimos como el resto del mundo, también seremos condenados con el resto del mundo, lo cual nos lleva al tercer y último elemento que el texto resalta: la promesa de Juan. El Bautista prometía que pronto aparecería alguien mucho más grande que él, es decir, el mismísimo Dios y Señor para quien su predicación estaba “preparando el camino.” Por supuesto, de quien estaba hablando era Jesús. El Señor Jesús no sólo bautizaría a los que creyeran en Él en el Espíritu de Dios para salvarlos, transformándolos espiritualmente (algo que no prometía el bautismo de Juan pero sí el cristiano), sino que también traería “fuego,” es decir, juicio divino. El “hacha” estaba a punto de cortar el árbol que no daba buen fruto. El castigo divino estaba a punto de caer sobre aquellos que no se arrepintiesen. El punto principal de todo es que Juan predicaba el arrepentimiento para preparar al pueblo judío para la aparición de Jesús. El arrepentimiento es la manera de prepararse para encontrarse con Dios. ¿Vives tú una vida de arrepentimiento? Sí, el pueblo judío fue juzgado por su falta de arrepentimiento, pero Jesús ha prometido regresar con poder para juzgar, no sólo al pueblo judío, sino a todo el mundo. Un día, tú tendrás que dar cuenta de toda tu vida al Dios del universo. En ese día, ni tu crianza ni tus experiencias pasadas te podrán salvar. Sólo el arrepentimiento de corazón y la fe en Jesucristo lo podrá hacer. Presta atención a Juan. No seas un árbol que no da buen fruto. De contrario, tú también serás cortado. Arrepiéntete. 

ORACIÓN

(Después de repetir el siguiente modelo, dirígete a Dios con tus propias palabras.)

Padre nuestro que estás en los cielos, gracias por la advertencia que nos dio Juan el Bautista. Dame un corazón arrepentido que se lamente por el mal que hago y se decida a cambiar de rumbo. Perdóname por mis pecados y ayúdame a vivir una vida de fe, amor, y obediencia. Haz de mí un árbol que de buen fruto para que no sea cortado cuando tu Hijo santo aparezca en gloria. Haz de mí un modelo de arrepentimiento que anime a otros a arrepentirse para que el mensaje que le diste a Juan siga esparciéndose. Te pido esto con la certeza que responderás porque te lo pido por medio de tu Hijo Jesús, el Salvador y Juez que había de venir, cuyas sandalias no soy digno de llevar. Amén.


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