¿Cuál es la raíz de todo el mal y el sufrimiento en este mundo?

Jesus Preaching the Sermon on the MountGustave Dore

TEXTO BÍBLICO: GÉNESIS 3.1-24 

La serpiente era más astuta que todos los animales del campo que Dios el SEÑOR había hecho, así que le preguntó a la mujer:

—¿Es verdad que Dios les dijo que no comieran de ningún árbol del jardín?

—Podemos comer del fruto de todos los árboles —respondió la mujer—. Pero, en cuanto al fruto del árbol que está en medio del jardín, Dios nos ha dicho: “No coman de ese árbol, ni lo toquen; de lo contrario, morirán.”

Pero la serpiente le dijo a la mujer:

—¡No es cierto, no van a morir! Dios sabe muy bien que, cuando coman de ese árbol, se les abrirán los ojos y llegarán a ser como Dios, conocedores del bien y del mal.

La mujer vio que el fruto del árbol era bueno para comer, y que tenía buen aspecto y era deseable para adquirir sabiduría, así que tomó de su fruto y comió. Luego le dio a su esposo, y también él comió. En ese momento se les abrieron los ojos, y tomaron conciencia de su desnudez. Por eso, para cubrirse entretejieron hojas de higuera. Cuando el día comenzó a refrescar, oyeron el hombre y la mujer que Dios andaba recorriendo el jardín; entonces corrieron a esconderse entre los árboles, para que Dios no los viera. Pero Dios el SEÑOR llamó al hombre y le dijo:

—¿Dónde estás?

El hombre contestó:

—Escuché que andabas por el jardín, y tuve miedo porque estoy desnudo. Por eso me escondí.

—¿Y quién te ha dicho que estás desnudo? —le preguntó Dios—. ¿Acaso has comido del fruto del árbol que yo te prohibí comer?

Él respondió:

—La mujer que me diste por compañera me dio de ese fruto, y yo lo comí.

Entonces Dios el SEÑOR le preguntó a la mujer:

—¿Qué es lo que has hecho?

—La serpiente me engañó, y comí —contestó ella.

Dios el SEÑOR dijo entonces a la serpiente: «Por causa de lo que has hecho, ¡maldita serás entre todos los animales, tanto domésticos como salvajes! Te arrastrarás sobre tu vientre, y comerás polvo todos los días de tu vida. Pondré enemistad entre tú y la mujer, y entre tu simiente y la de ella; su simiente te aplastará la cabeza, pero tú le morderás el talón.» A la mujer le dijo: «Multiplicaré tus dolores en el parto, y darás a luz a tus hijos con dolor. Desearás a tu marido, y él te dominará.» Al hombre le dijo: «Por cuanto le hiciste caso a tu mujer, y comiste del árbol del que te prohibí comer, ¡maldita será la tierra por tu culpa! Con penosos trabajos comerás de ella todos los días de tu vida. La tierra te producirá cardos y espinas, y comerás hierbas silvestres. Te ganarás el pan con el sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la misma tierra de la cual fuiste sacado. Porque polvo eres, y al polvo volverás.» El hombre llamó Eva a su mujer, porque ella sería la madre de todo ser viviente. Dios el SEÑOR hizo ropa de pieles para el hombre y su mujer, y los vistió. Y dijo: «El ser humano ha llegado a ser como uno de nosotros, pues tiene conocimiento del bien y del mal. No vaya a ser que extienda su mano y también tome del fruto del árbol de la vida, y lo coma y viva para siempre.» Entonces Dios el SEÑOR expulsó al ser humano del jardín del Edén, para que trabajara la tierra de la cual había sido hecho. Luego de expulsarlo, puso al oriente del jardín del Edén a los querubines, y una espada ardiente que se movía por todos lados, para custodiar el camino que lleva al árbol de la vida. (NVI)

MEDITACIÓN

Todos los días escuchamos noticias de cosas terribles que suceden en diferentes partes—ya sea por medio de un programa de noticias o por medio de un amigo. Escuchamos estas noticias terribles tan a menudo que nos hemos acostumbrado a ellas y no nos sorprenden. De todas formas, cuando una de estas cosas terribles nos sucede a nosotros, ahí sí nos sorprendemos y nos preguntamos, “¿Por qué me tenía que pasar esto a mí?” Quizá la mejor pregunta sería, “¿Por qué pensabas que es normal que estas cosas le pasaran a todo el mundo menos a ti?” La verdad es que vivimos en un mundo lleno de mal y sufrimiento y todos somos afectados por esto. ¿Pero por qué son así las cosas? ¿Acaso Dios no es un Dios bueno? Dios es un Dios bueno, y como ya hemos aprendido, Él creó un mundo bueno libre de mal y sufrimiento. El mal en este mundo no fue ocasionado por Dios sino por el ser humano. La lección del texto bíblico de hoy es que la desobediencia del ser humano causó el juicio de Dios que resultaría en sufrimiento y muerte universal. No es que el ser humano haya sido creado malo tampoco. Él fue creado bueno pero fue tentado al mal por Satanás, un ángel caído que vemos obrando por medio de la serpiente en el relato bíblico (ver Apocalipsis 12.9). La serpiente engañó a la mujer y la hizo cuestionar la clara instrucción de Dios. Hoy en día, nosotros también pecamos por creer mentiras que contradicen la Palabra de Dios. Lo mejor que podemos hacer en nuestra lucha con el mal es aprender las enseñanzas de la Biblia, la Palabra de Dios, y creerla por sobre toda mentira que la contradiga para poder así obedecer los mandamientos de Dios. Es importante notar en qué consistió la desobediencia del hombre. El pecado de Adán consistió en comer del fruto que Dios había prohibido comer: “el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal.” No es que el fruto de ese árbol haya tenido algo mágico en él que le haya conferido a Adán un conocimiento secreto. No. El fruto es llamado “del conocimiento del bien y del mal” porque Dios le había dicho a Adán que comerlo sería malo, mas si Adán decidía comerlo, eso constituiría la independencia moral de Adán. Esto significa que Adán ya no dependería de Dios para decirle lo que es bueno o malo, sino que lo determinaría por sí mismo. En otras palabras, Adán tendría su propio código moral, su propio “conocimiento del bien y del mal,” y este código sería diferente al de Dios, por lo que el Señor, al final del relato bíblico, lo expulsa del paraíso. Lo primero que podemos aprender de esto es que debemos depender de Dios siempre para saber lo que es verdaderamente bueno y verdaderamente malo. El momento en que dejemos de hacer eso y decidamos independizarnos de Dios, marcará el colapso de nuestra moralidad. Pero hay algo más que podemos aprender. No le creas al diablo que hay pecaditos que puedes seguir practicando sin remordimiento porque a Dios no le importa. Mira que toda la humanidad fue condenada a la muerte por comer una fruta prohibida. ¡No existe tal cosa como un pecadito inofensivo! ¡No existe tal cosa como una mentirita blanca! ¡Un mal pensamiento es suficiente para mandarte directo al infierno! No toleres ninguna forma ni tamaño de pecado en tu vida. ¡Abandona el mal y busca la justicia de Dios! Por último, el relato nos muestra el juicio de Dios sobre la humanidad. Esta es la respuesta a nuestra pregunta inicial. ¿Por qué hay tanto mal y sufrimiento en el mundo? Porque nuestro primer antepasado pecó en nuestro lugar. El nombre hebreo “Adán” significa “ser humano,” “humanidad.” Como descendientes suyos, todos nosotros estábamos en Adán cuando Él pecó y cuando Él pecó todos pecamos con Él. Por ende, el juicio que Él recibió, lo hemos recibido todos. Por ende, no sólo Eva obtuvo dolores de parto por su incredulidad, sino también todas las mujeres después de ella. Por ende, no sólo Adán tuvo que empezar a sufrir para traerse un pan a la boca, sino también todos los hombres después de él. Por ende, no sólo Adán murió y regresó al polvo del que fue tomado, sino todos los seres humanos—hombres y mujeres—después de él. Y lo peor de todo, no sólo Adán y Eva fueron expulsados del paraíso donde podían tener una relación de amistad con Dios, sino todos los seres humanos nacemos enemistados con Dios. Pero lo bueno en medio de todo esto es que no sólo leemos acerca del juicio de Dios en el relato bíblico, sino también de su misericordia. A la serpiente, nuestro enemigo y engañador, Dios le dice que un descendiente de la mujer aplastaría su cabeza. Gracias a Dios, Jesucristo, nacido de mujer, ha derrotado a Satanás en nuestro lugar y ahora podemos disfrutar de la victoria lograda en su crucifixión y su resurrección por medio de la fe. De la misma manera en que Dios tuvo que matar un animal inocente para hacer ropa de pieles para tapar la vergüenza de Adán y Eva, Dios mandó a su Hijo para tomar nuestro lugar en la cruz y derramar su sangre para pagar nuestro pecado y tapar nuestra vergüenza y poder reconciliarnos así con el Dios con quien habíamos sido enemistados. Hoy en día, gracias a la resurrección de Jesús, tenemos una esperanza segura de heredar un paraíso mejor que el jardín del que Adán y Eva fueron expulsados. No creas las mentiras de la serpiente. Cree en Jesús y obedécelo a Él, el Segundo Adán y nuestro Salvador. 

ORACIÓN

(Después de repetir el siguiente modelo, dirígete a Dios con tus propias palabras.)

 Padre nuestro que estás en los cielos, gracias por no abandonarnos en el problema tan terrible en el que nuestros primeros padres nos dejaron. Gracias por enviar a Jesús para remediar todo lo que Adán había estropeado. Perdona mis pecados. No puedo levantar ninguna queja contra Adán ni mucho menos contra ti porque todos los días yo mismo como del fruto prohibido del pecado como él lo hizo inicialmente. Ayúdame a entender que la fe y la obediencia a ti son más provechosas que cualquier placer temporal en este mundo pasajero. Te pido esto confiado que me responderás porque te lo pido por medio de tu Hijo Jesucristo, nacido de mujer para aplastar la cabeza de nuestro enemigo y cubrir nuestra vergüenza con su justicia perfecta. Amén.


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