¿Cómo reaccionarías si tu novia te dijera que está embarazada y no es tu hijo?

Jesus Preaching the Sermon on the MountGustave Dore

TEXTO BÍBLICO: MATEO 1.18-25 

El nacimiento de Jesús, el Cristo, fue así: Su madre, María, estaba comprometida para casarse con José, pero antes de unirse a él, resultó que estaba encinta por obra del Espíritu Santo. Como José, su esposo, era un hombre justo y no quería exponerla a vergüenza pública, resolvió divorciarse de ella en secreto. Pero cuando él estaba considerando hacerlo, se le apareció en sueños un ángel del Señor y le dijo: «José, hijo de David, no temas recibir a María por esposa, porque ella ha concebido por obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.» Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había dicho por medio del profeta: «La virgen concebirá y dará a luz un hijo, y lo llamarán Emanuel» (que significa «Dios con nosotros»). Cuando José se despertó, hizo lo que el ángel del Señor le había mandado y recibió a María por esposa. Pero no tuvo relaciones conyugales con ella hasta que dio a luz un hijo, a quien le puso por nombre Jesús. (NVI)

MEDITACIÓN

Cuando llega la navidad, tenemos la costumbre de armar pequeños nacimientos en nuestros hogares. Normalmente, todos los personajes en el pesebre son representados con una expresión de paz y tranquilidad. Esto nos puede dar la idea errónea que la relación entre María, la madre de Jesús, y José, el esposo de María y padre adoptivo de Jesús, no tenía ningún problema. Pero el texto bíblico de hoy nos muestra una realidad diferente. La verdad es que la relación entre José y María también tuvo problemas muy serios – como cualquier matrimonio de hoy. El episodio que leemos ocurrió antes que ellos se casaran. Estaban comprometidos a casarse por medio de un contrato que sólo podía romperse por medio de un divorcio formal. Así de serio era el compromiso que tenían. Y como buenos judíos que amaban a Dios y guardaban sus mandamientos, no habían tenido sexo porque todavía no se habían casado. Es por eso que José reacciona de la manera en que lo hace cuando se entera que María estaba embarazada: “¡¿Cómo que estás embarazada, María?! ¡Yo nunca me he acostado contigo! ¡Las mujeres no se embarazan solas! ¡Me has sido infiel! ¡Ya no me puedo casar contigo! ¡Nuestro contrato queda anulado!” Pero el divorcio era el menor de los problemas que amenazaban a María. La ley judía demandaba que todo aquel que cometiera adulterio fuera ejecutado a pedradas: ¡La misma vida de María estaba en juego! Pero José era un hombre compasivo, por lo que había decidido divorciarse de ella de manera privada para no exponerla a tal destino. José no sabía que María no había hecho nada malo. Su embarazo no fue el resultado de un encuentro sexual, sino de un milagro de Dios – un milagro tan increíble para José hace miles de años como para las personas de hoy en día. Pero no hay nada imposible para el Dios Todopoderoso que hizo todo el universo de la nada por medio de su Palabra. Y es este mismo Dios Todopoderoso el que interviene a favor de María, y por extensión, a favor nuestro, mandando su ángel para explicar a José lo ocurrido. Si María hubiera sido apedreada, con ella hubiera muerto su Hijo santo y con Él hubiera muerto toda esperanza de nuestra salvación. Porque como el ángel le explicaría a José, el niño concebido milagrosamente en el vientre de María había sido mandado por Dios para salvar a su pueblo de sus pecados. El nombre Jesús significa “el Señor es salvación.” La misión de Jesús está expresada en su mismo nombre: salvar de sus pecados a su pueblo. Como resultado de la intervención del ángel, José cambia de parecer y recibe de vuelta a María para cuidar de ella y de su hijo, y guardar así nuestra propia salvación. Y es así que se cumple lo que Dios había prometido por sus profetas. Jesús nació de un virgen para salvar a su pueblo de sus pecados en cumplimiento de la promesa de Dios. Dios cumplió su promesa: una virgen dio a luz y, por medio de su niño, la presencia de Dios moraría entre su pueblo perdonado por siempre. Pero aquí tenemos algo importantísimo que considerar. Jesús sólo salvará a su pueblo de sus pecados. Los que no son parte de su pueblo, no disfrutarán de esta salvación. La gran pregunta es: ¿Eres tú parte de su pueblo? ¿Confías tú en Él? ¿Lo reconoces como el Rey del mundo? ¿Lo obedeces en tu diario vivir y buscas promover su reino entre otros? Si tu respuesta es afirmativa, disfrutarás de la salvación que Él vino a traer. Si no, decídete a confiar en Jesús hoy. Él es el Hijo de Dios y el Salvador del mundo. Si lo tienes a Él, también tienes a Dios Todopoderoso y fiel, porque en Jesús, “Dios está con nosotros.”

ORACIÓN

(Después de repetir el siguiente modelo, dirígete a Dios con tus propias palabras.)

 Padre nuestro que estás en los cielos, gracias por el milagro de la concepción virginal de Jesús. Gracias por convencer a José de casarse con María y salvar así a su Hijo, nuestro Salvador. Eres un Dios fiel a todas sus promesas y poderoso para salvar. Ayúdame a confiar en tu Hijo santo para disfrutar así de tu presencia por siempre en comunión con el resto de tu pueblo. Te pido esto con la certeza que responderás porque te lo pido confiando en los méritos de tu Hijo Jesús, “Dios con nosotros.” Amén.


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